Agente secreto del Mo ssad encuentra a Cri sto y es perseguido

 


Utziel lavaba la herida de un anciano ateo, quien le preguntó: “¿Por qué haces esto?”. Respondió: “Alguien me amó cuando estaba sucio”. La pobreza evangélica se convirtió en una de las mayores libertades.

Tres años después, en un hospital vi a mi padre en una camilla, por un infarto, y a mi madre cerca, sola. La vi sola, me acerqué. Ella me abrazó con la fuerza de la desesperación. “Eres un mal hijo, pero estás vivo”. Le sostuve la mano por horas. Me habló de la familia. Terminó la operación y les dijeron que había salido bien. La madre dijo: “Estas cansado, pero tienes luz en los ojos. Vete ahora, antes de que despierte”. Le dio su teléfono, y dijo: “llámame en secreto”.


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