Hablar con Dios
“Dios nos ha creado sin nosotros, pero no ha querido salvarnos sin nosotros” (S. Agustín, sermo 169, 11,13). La acogida de su misericordia exige de nosotros la confesión de nuestras faltas. Si re conocemos nuestros pecados, Él nos perdonará y nos purificará. La variedad de los pecados es grande, San Pablo hace una lista en su Carta a los Gálatas: “Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo como ya os previne, que quienes hacen tales cosas, no heredarán el Reino de Dios” (5, 19-21; cf Rm 1, 28-32). Otra tentación, fruto de la presunción es la acedia . Es un desabrimiento debido a la pereza, al relajamiento, a la negligencia del corazón. “El Espíritu está pronto pero la carne es débil” (Mt 26,41). Quien es humilde no se extraña de su miseria y triunfa. La confianza filial se prueba en ...