Meditar el Salmo 2
Este salmo es muy actual, tiene resonancias guerreras. Es un “salmo duro, en el que Dios se ríe y se burla de sus enemigos, los doblega, los quiebra como a vaso de alfarero y los riega con vara de hierro” (Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 73). Y a la vez es un salmo tierno, en el que ese mismo Dios declara su amor al Hijo, al Hijo que hoy, cada nuevo hoy, engendra… Arranca el salmo con un interrogante lanzado sobre la tierra. Un interrogante redoblado, insistente, que siempre está abierto porque siempre es actual: ¿Por qué braman y se amotinan las gentes? ¿Por qué los pueblos meditan estupideces? En la Edad Media, los caballeros templarios rezaban también este salmo 2, en pie, antes de entrar en combate. Llevaban en su escudo la imagen de dos guerreros a lomos de un solo caballo. Posiblemente, había recogido y dado asiento al otro. Dos en una misma y única cabalgadura, como símbolo de recia fraternidad. La batalla ascética es el apasionante combate de toda persona...