Gloria a Dios y esfuerzo
Como último fin, el hombre o busca a Dios o se busca a sí mismo. Es la alternativa expresada por San Agustín: “Dos amores fundaron dos ciudades: el amor propio, hasta el desprecio de Dios, la terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial” ( De civitate Dei , 14, 28). No hay término medio porque sólo puede proponerse como fin último algo absoluto: o el único absoluto-absoluto (Dios), o el absoluto-relativo (cada hombre, para sí mismo). Quien rechaza a Dios como fin último, tomará como fin de la vida un bien creado, y en último término a sí mismo. La alternativa es inevitable. O escogemos hacer la Voluntad de Dios o elegimos la “propia voluntad” (“propia” en el sentido que no quiere identificarse con la Voluntad divina). En lugar de la “gloria de Dios” se busca la vanagloria o gloria vana (cfr. Ernst Burkhart, Javier López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría , Rialp. p. 301) . El amor a Dios no es un “medio” para ser feliz, se ha d...