“Te adoro con devoción, Dios escondido”, 2
Cuanto el Hijo de Dios ha dicho creo, pues no hay verdad cual la verdad divina. “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo” (Juan 6,51). Jesús no hablaba en términos figurados, sino que son palabras de espíritu y vida (cfr. Juan 6,63). Son palabras que revelan el amor de Dios a la humanidad, que anuncian la Buena Nueva, para ello hay que “saber oír” y “saber querer”. En la Cruz la deidad estaba oculta, aquí la humanidad yace escondida. Y uno y otro creyendo y confesando, imploro yo lo que imploraba Dimas. Dimas veía la humanidad de Cristo, pero no la divinidad. Nosotros no vemos ni la divinidad ni la humanidad en Jesús sacramentado, pero decimos: “¡Creo!”. Y el himno continúa: No veo como vio Tomás tus llagas, más por su Dios te aclama el alma mía; haz que siempre Señor en Ti yo crea; que espere en Ti, que te ame sin medida. Ocho días después de la Resurrección, Jesú...