Mi abuelo gritó
Mi abuelo Elías era el rabino principal de Buenos Aires. Él estaba pasando las páginas de un texto en hebreo, yo estaba dibujando en el piso, era su nieto de 6 años. Vi el nombre de Jeshúa en letras brillantes, y le pregunté al abuelo ¿Por qué ese nombre brilla, Jeshúa? El abuelo dijo: “Ese nombre nunca debes pronunciarlo en esta casa”. Esa noche acostado, no podía dejar de pensar en ese nombre. Desde ese día mi abuelo no volvió a cruzar la mirada conmigo. Pronto esa semilla iba a romper la tierra de nuestra existencia. Llegó el día del Séder. Mi abuelo empezó a rezar. De pronto apareció el nombre de “Jeshua” y unas palabras añadidas: “Jeshúa, el Cordero de Dios”. Nadie las vio, sólo yo. Añadí: “¿Por qué Jesús fue llamado Cordero de Dios si nosotros no creemos en él?”. Mi abuelo dejó de rezar y rugió: “¡Jesús no es el Mesías! Nunca, nunca vuelvas a pronunciar ese nombre”. Repliqué: “Pero si las Escrituras dicen la verdad sobre él”. Mi padre me arrastró fuera del comedor. El ab...