Armas para el combate espiritual
Estamos en una guerra espiritual para la que necesitamos protección, es decir, una “armadura” y armas. De Dios nos viene la fortaleza, la alegría y la perseverancia en la lucha diaria. Para subir una montaña se requiere entrenamiento y estar en forma. A todos nos cuesta hacer oración, sin embargo, hay que esforzarnos para oír a Dios. Él nos ama y ama que le hablemos. Podemos empezar por 10 minutos diarios de oración, para ir aumentando paulatinamente los minutos. El único que puede controlar nuestras fuerzas salvajes es Jesús; los defectos de carácter detienen nuestro caminar. ¿De qué necesito protegerme? Del enemigo y de mi mismo. Nuestros defectos lastiman a los que nos rodean y, si queremos, podemos irlos puliendo. Nuestros pensamientos negativos han de ser neutralizados con una visión optimista. Hay resentimientos que pueden hacernos daño ya que llevan a una acción disfuncional. Asimismo, debemos protegernos de nuestra baja autoestima que nos impide valorar nuestro s...