Formación espiritual

 


A través de la formación personal y colectiva vamos comprendiendo que lo importante es lo que el Espíritu Santo obra en el alma de cada uno. Se trata de ahondar en nuestra relación con Jesucristo. Lo que más puede ayudar es llevar el Evangelio a nuestra oración personal y a los medios de formación colectiva. Fundamentarse en la Sagrada Escritura no tiene pierde.

Nuestra identidad

Jesús quiere vivir una vida de intimidad contigo, con cada uno. Quiere cercanía emocional y confianza. La riqueza de nuestra identidad nos puede llevar lejos. Jesús quiere que evangelice, pero debe estar arraigado en mi identidad. Jesús modela a la persona para que actúe como un hijo amado. A Jesús lo modeló Dios Padre, la identidad era su fundamento.

¿Hay algo que nos impide vivir este estilo? La mentalidad basada en el desempeño (activismo), es la condición con la que una persona trata de ganarse su identidad, intentamos ganarnos lo que somos. La alineación es: hago, tengo, soy. Pero lo importante es lo que Jesús dispone y obra en cada uno. El diablo tienta a través del desempeño, es decir, del activismo, cuando nuestra identidad se define por lo que Él ha hecho por nosotros.

Una de las mayores lecciones de Jesús está en la parábola del Hijo pródigo (Lucas 15, 11-32). El hijo menor entra en razón y decide regresar y trabajar para su padre. El padre sale y ve a su hijo y corre hacia él. El hijo pide perdón, el padre se alegra de que el hijo esté de nuevo en casa y hace una fiesta. El hermano mayor no quiere entrar en la fiesta. Su padre sale y el hijo mayor le explica: “Todos estos años te he servido y nunca me has dado un cabrito para comer con mis amigos”. La mentalidad del hermano mayor está basada en el desempeño. Somos como el hijo pródigo. El Padre le da al hijo pródigo que vuelve a casa: anillo, túnica y las sandalias. El anillo es el signo de un rey y autoridad concedida a quien se le da el favor (Gén 41 y 42). La túnica es una señal del reino de un sacerdote real que vive un estilo de vida de adoración (Zacarías 3,4-5); las sandalias son una bendición para el profeta que viaja para declarar la Palabra (Is 52,7).


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