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Mostrando entradas de agosto 8, 2026

La Asunción de María

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  La Virgen María fue asunta al cielo, es decir, su cuerpo y su alma fueron llevados al paraíso. El dogma promulgado en 1950 por Pío XII, no especifica si la Virgen pasó por la muerte o fue un momento de tránsito (dormición). La Iglesia lo deja a la devoción de cada uno. En Oriente los fieles se inclinan más por creer en la Dormición de Nuestra Señora. Lo importante es que nuestra Madre fue asunta al cielo por el poder de su Hijo. En el año 2005, el Papa Benedicto XVI predicó sobre esta solemnidad y dijo que la fiesta de la Asunción era un día de alegría. Agregó: “Dios ha vencido. El amor ha vencido. Ha vencido la vida. Se ha puesto de manifiesto que el amor es más fuerte que la muerte… El cielo ya no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una madre. Y la Madre de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es madre nuestra. Él mismo lo dijo, la hizo madre nuestra cuando dijo al discípulo y a todos nosotros: ‘he allí a tu madre’. En el cielo tenemos una ma...

Buscar nuestra restauración

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  Buscar nuestra sanación ya que Dios nos puede restaurar. Hay huérfanos espirituales que tocan a la puerta de la Iglesia y podemos ayudar si de nuestra parte hay fe en el Dios vivo, que cura. En nuestra fragilidad damos un paso de fe y pedimos al Señor que sane. Dios sabe lo que necesitamos en este tiempo. Lo sobrenatural es parte de la vida normal . Jesús le dice al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, ese perdón es invisible, no es verificable, pero a la vez, Jesús sanaba cuerpos porque era un hecho verificable de lo que predicaba. Lucas 4 narra que Jesús lee: el Espíritu del Señor está sobre mí (Isaías). Este es el propósito para el que viene, para ser el Ungido y curar la opresión y practicar buenas nuevas, y no sólo predicarlas, sino ponerlas por obra. Son palabras y hechos sobrenaturales que muestran que las palabras son verdaderas. Sin poder no serían buenas nuevas. Hay cambios porque el Evangelio tiene poder, realiza lo que anuncia. Jesús proclama el Reino, no...