El Celibato, 3ª parte
Louis Cardona
pregunta: ¿Qué palabra usa Dios para explicarnos quién es el hombre? ¿Qué verbo
usa? El Verbo encarnado. En Cristo Dios muestra el Hombre al hombre
(cfr. Gaudium et spes, n. 12), y quien conoce mejor al hombre sino Dios.
Le preguntaré a Jesús: “¿te gusta lo que estoy haciendo?”. Pero lo haré en
compañía de Cristo, sino no le va a gustar. Esta unidad es vivir en Cristo. La
práctica aparece, pero como respuesta a un enamoramiento y además en compañía,
pero no por deber, por eso dice San Agustín: “ama y haz lo que quieras”. El que
ama auténticamente querrá lo que quiera Dios. Captamos lo que queremos hacer
para Dios, pero no captamos cómo Dios quiere vivir con nosotros. Con la
filosofía trascendental vemos la vida espiritual como dualidad.
Debo vivir en dualidad con Jesús ese amor
se hace muy humano y también muy divino. La dualidad se hace con la Humanidad
de Jesús. Nuestro amar humano se vuelve divino, cada vez se va haciendo más
perfecto porque él va tomando posesión de mí. Jesús puede amar a los demás a
través de mi amor.
En la dualidad no separas, pero tampoco
confundes. Mi identificación con Cristo no será nunca completa, pero no debo
oponerme. Quiere que lo que yo hago sea lo que Él hace.
Conforme Jesús nos va identificando con Él
– él es el miembro superior-, nuestro amar humano se va haciendo divino.
Jesús es el Hombre perfecto, pero él quiere identificarnos con Él, porque Él va
tomando posesión de mí. San Juan Bautista, intuyendo esto dice: “Conviene que
Él crezca y que yo disminuya”.
Conforme Jesús nos va identificando con Él
– él es el miembro superior-, nuestro amar humano se va haciendo divino.
Jesús es el Hombre perfecto, pero él quiere identificarnos con Él, porque Él va
tomando posesión de mí. San Juan Bautista, intuyendo esto dice: “Conviene que
Él crezca y que yo disminuya”.
El doctor Carlos Villar explica: Cuando el
instinto sexual se encauza debidamente, hay fuerza en esa persona. El motivo
por el cual vive la entrega es el amor, no el miedo. Un corazón congelado puede
matar psíquicamente. Esto no tiene que ver con el perfeccionismo que es fuente
de escrúpulos, de neurosis. Hay que darle sentido a la apetencia sexual y a la
apetencia de afectos, porque sino la persona va mendigando cariño. El sacerdote
no está solo, Jesús siempre lo acompaña; el laico célibe, lo mismo.
La soledad es fundamental para el célibe. ¿Qué busco
cuando estoy solo? ¿Qué me pasa cuando estoy solo? ¿De qué tiene hambre mi
corazón? ¿Por qué a veces no tiene hambre de la Palabra de Dios? ¿Tiene hambre
de escuchar la voz de Dios? Aquí está el camino, y cuando no se encuentra allí,
no hay autenticidad.

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