Ra bino judío sube al Monte de los olivos a orar
Relatos
de Esperanza
Le dijo a su
esposa que necesitaba orar, era de noche. Se arrodilló en la tierra, vio el
cielo estrellado y entonces gritó: Dios de Abraham si Yeshúa es el Mesías,
muéstramelo. Por favor, necesito saber si todo lo que he creído es una mentira.
Escuché mi nombre: “Joseph, hijo mío, siempre te he conocido”. Era el hombre de
mis sueños, era Yeshúa. No era una presencia amenazante, era amor indescriptible,
desinteresado. “Perdóname por haber estado ciego”. Joseph, no vine a
condenar al mundo sino a salvarlo. Caminé colina abajo. No tenía miedo, mi
nombre lo pronunció con un amor indescriptible. Llegué a mi casa al amanecer,
mi esposa estaba esperándome. Le conté todo y se horrorizó. Empacó y se fue con
sus padres. Su padre lo tachó de hereje. Dormía en un sofá de un grupo de
judíos mesiánicos. La paz que había experimentado en el Monte de los Olivos
permanecía. Cada mañana, al abrir las Escrituras todo cobraba vida. Todo
señalaba hacia Él.
Un año
después su hijo de 18 años, le pidió hablar con él. No había odio en su mirada,
dijo: “He estado leyendo…”. Compartí con él mi experiencia. Había ganado una
familia eterna. “Encontré vida verdadera”. Las heridas siguen, pero ya no cargo
la tradición muerta. Han pasado tres años, mi hija me llamó.

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