Esperanza
“Sacad
vuestras fuerzas sencillamente de la alegría de estar con Jesús. Estad alegres
y llenos de paz. Aceptad todo lo que él os dé. Y dad siempre, tome el que lo
tome, con una gran sonrisa” (Madre Teresa de Calcuta, a sus colaboradores). Chesterton afirmó que “el hombre de hoy ha perdido la
capacidad de admiración”, lo que implica el peligro de la pobreza intelectual,
psíquica y espiritual. Estamos inmersos de una realidad rica y no sabemos
apreciarla, como lo que nos regala
Benedicto XVI dice en su encíclica Spe salvi: Quien tiene esperanza vive de
otra manera; se le ha dado una vida nueva. El presente fatigoso se puede
sobrellevar con la esperanza cristiana. La «esperanza» es una palabra central de la fe
bíblica, hasta el punto de que en muchos pasajes las palabras «fe» y «esperanza»
parecen intercambiables.
La fe otorga a la vida una base
nueva, un nuevo fundamento sobre el que el hombre puede apoyarse. Aborda
luego la pregunta sobre qué es la vida eterna. Allí el Santo Padre interroga:
"la fe cristiana ¿es también para nosotros ahora una esperanza que
transforma y sostiene nuestra vida?". "¿De verdad queremos esto:
vivir eternamente?" (…)."En el fondo –responde el Pontífice–
queremos solo una cosa, la ‘vida bienaventurada’, la vida que simplemente es
vida, simplemente ‘felicidad’".
Quien no conoce a Dios,
aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran
esperanza que sostiene toda la vida (cf. Ef 2,12). La verdadera, la gran
esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede
ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando «hasta el extremo», «hasta
el total cumplimiento» (cf. Jn 13,1; 19,30). Quien ha sido tocado por el amor
empieza a intuir lo que sería propiamente «vida».
A lo largo de su existencia, el hombre tiene
muchas esperanzas (…). A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo
llena totalmente y que no necesita de ninguna otra. En la juventud puede ser la
esperanza del amor grande y satisfactorio; la esperanza de cierta posición en
la profesión (…). Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve
claramente que esto, no lo era todo. El hombre necesita una esperanza que vaya
más allá. Busca algo infinito, algo que será siempre más de lo que puede
alcanzar.
Benedicto XVI dice que la oración es escuela de
esperanza. Agustín ilustró de forma muy bella la relación íntima entre oración y
esperanza en una homilía sobre
La "vida eterna" no significa
sólo una vida que dura para siempre, sino también una nueva calidad de la
existencia, sumergida en el amor de Dios, que libera del mal y de la muerte y nos pone en
comunión sin fin con todos. La vida eterna no está sólo "después" o
"en el más allá"; sino que puede comenzar aquí, en la amistad con
Dios que se da con la vida de la gracia. Todos estamos llamados a la santidad,
a tener los pies en la tierra y el corazón en el Cielo, nuestra morada
definitiva. Habla con el Señor: Gracias Señor por no rendirte conmigo.

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