“He allí a tu Madre”

 

Alguien dijo que bastaría que nos tomáramos en serio una frase de Jesús para que nuestra vida se orientara por caminos de salvación. Esa frase la dijo Jesús clavado en la Cruz: “He allí a tu Madre”. Nos está dando a su Madre por madre nuestra, porque la Virgen es el camino corto para llegar a Dios.

La hermana Lucia de Fátima hizo en 1957 dijo: “En estos últimos tiempos, la Virgen ha dado una nueva eficacia al rezo del Rosario, hasta el punto de que no hay ningún problema, por difícil que sea, temporal o espiritual, que no pueda ser resuelto por el rezo del Rosario. Con el Rosario nos salvaremos, con él podemos santificarnos, consolar a nuestro Señor y obtener la salvación de muchas almas.” Sólo la gracia de Dios puede romper las resistencias secretas del alma.

Se habla mucho del nuevo orden mundial. Sólo los que se forman en el Corazón de la Virgen realmente pueden lograr un nuevo orden mundial. La humanidad no puede salvarse a sí misma. El futuro pertenece a Jesús, Él ha comprado la Historia. Él es el Señor y todo está sujeto a su Reino. “Las dificultades que presenta el panorama mundial en este comienzo del nuevo milenio nos inducen a pensar que sólo una intervención de lo alto (...) puede hacer esperar un futuro menos oscuro”, escribió Juan Pablo II (Rosarium Virginis Mariae, 49). “Con el Rosario podemos alcanzar todo”, decía Santa Teresita del Niño Jesús.

Los Papas Pío IX y Pío X dijeron: Denme un millón de personas consagradas, con el Rosario en la mano, y, con este ejército, salvaremos al mundo. El Rosario no es memorizas, es meditar.

Los Papas Pío IX y Pío X dijeron: Denme un millón de personas consagradas, con el Rosario en la mano, y, con este ejército, salvaremos al mundo. Escribe Ratzinger: “Una constante de la acción de Dios en la historia de este mundo es fundarse en el testimonio de una minoría para mantener la esperanza de la humanidad entera en la nueva fraternidad prometida” (La fraternidad cristiana, p. 109).

Tenemos una Madre, no estamos huérfanos.

Benedicto XVI escribe: “Dos de las más ricas y fecundas plegarias del cristianismo, que conducen siempre a la gran corriente eucarística (son): el Viacrucis y el Rosario. Si hoy nos encontramos expuestos de un modo tan insidioso a la seducción de prácticas religiosas asiáticas, se debe al hecho de haber abandonado estas plegarias” (Ratzinger, Informe sobre la fe, BAC Popular, p. 147).

 


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