Quiero vivir por alguien
Un dicho napolitano dice:
“Podemos vivir sin un por qué, pero no
podemos vivir sin un por quién”.
Jesús
quiere que le conozcamos. Él no juzga nuestros errores del pasado, sabe que la
vida es difícil por eso quiere darnos la fuerza para hacer el bien y evitar el
mal. Dios nos ama de manera personal. Nos explica ese amor cuando relata
la historia de la oveja perdida y del Buen Pastor que no para hasta que la
encuentra. Tú ¿cómo te has perdido?
El
amor de Dios es firme y estable, es un amor sólido, Él no nos ama porque seamos
perfectos, ni deja de amarnos por nuestros defectos y pecados. Él nos ama y
espera que recibamos su abrazo.
Cuando
el Señor permite contradicciones grandes es para purificarnos. Lo importante es
que Dios nos ama; sostenidos por esta luz, la vida ordinaria adquiere su
profundo sentido sobrenatural. Desaparece la monotonía. Decirle al Señor: “Si
tú no me sostienes, se desenfoca todo”. Si hay rutina en la oración es falta de
conciencia de quien es Dios. Para estar conmigo, el Señor se dejó triturar como
el grano de trigo, y se quedó en
Todos los días podemos ser más santos, más de Dios, y
esto tendría que entusiasmarnos hasta humanamente porque Dios nos ama también
con un corazón humano. Se trata de ser fieles al proyecto que Dios ha diseñado
para cada uno, para mí. En esto nadie nos puede suplir. Dios nos ha diseñado
para ser santos, responderle. “El amor satisface por
sí solo... es lo único con lo que la criatura puede responderle a su Creador”,
dice S. Bernardo (Sermo 83). “Mi amor es lo que me da solidez”, decía San
Agustín.
Dios tiene un camino para cada uno. Si se pasa por
crisis o túneles oscuros, se puede salir más purificado de ellos; pero no
siempre es necesario pasar por ellos. Sólo Dios lo sabe. Dios nos dice: Yo
te redimí y te llamé por tu nombre: tú eres mío. Cuando pasares por medio de
las aguas, estaré Yo contigo, y no te anegarán sus corrientes; cuando
anduvieres en medio del fuego, no te quemarás, ni la llama tendrá ardor para
ti, porque yo soy el Señor Dios tuyo (Cfr. Isaías 43, 1-3).
Escribe Benedicto XVI: “La historia está
marcada por una polémica entre el amor y la incapacidad de amar, esa desolación
de las almas, propia de los hombres que sólo reconocen valores y realidades
cuantificables... Esta destrucción de la capacidad de amar produce un
aburrimiento mortal. Es un veneno para el hombre. Cuando se impone,
destruye al hombre y al mundo con él” (La
sal de la tierra, p. 307). Goethe también hizo suya la idea de San
Agustín que presenta la historia como un conflicto entre dos ciudades, y decía
que la totalidad de la historia era una lucha entre la fe y la falta de
fe.
San Luis María Grignon de Montfort escribe:
Entre las múltiples causas que debieran movernos a amar a Jesucristo está “la
consideración de los dolores que quiso padecer para mostrarnos su amor...
porque este amantísimo salvador ha trabajado y sufrido muchísimo para
redimirnos. ¡Oh cuántas penas y amarguras hubo de soportar! (Cap. XIII n. 154).
Sólo el amor hace útil la
fe. Puede sin amor existir la fe, pero no aprovecha (cfr. San Agustín, De Trinitate, XV, 18, 32). Dios nos
dice: “No intentes comprender por qué te quiero. No podrías”.
"Cuan equivocados estamos al pensar
que dejamos de enamorarnos cuando envejecemos, sin saber que envejecemos cuando
dejamos de enamorarnos",
escribió García Márquez.
Jesús iba a visitar a sus
amigos, a sanar y a predicar por propia iniciativa. No podemos olvidar que antes
que la nuestra está la iniciativa de Dios. Él es el que sale a nuestro
encuentro. Considerar su iniciativa por cada uno de nosotros. Ante cualquier
cosa que nos pasa se compadece. El
amor de Dios se llama misericordia porque yo tengo miserias.
Y
alguien dirá: “No siento que Dios me busca”, le podemos responder: “Pon
cuidado, pues te busca a diario”.

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