Miércoles de ceniza 2026

 

El Miércoles de Ceniza, es el primer día de la Cuaresma, un día penitencial en el que se nos recuerda que somos polvo y en polvo nos vamos a convertir, y que la verdadera sabiduría está en volver a Dios y enmendar lo malo de la vida de cada uno. Toda la sociedad católica debe, naturalmente, poseer una atmósfera de penitencia.

El Miércoles de Ceniza el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. El Miércoles de Ceniza se nos invita a asistir a Misa para recibir la bendición de la ceniza. Las cenizas representan la propia fragilidad y mortalidad y nos recuerda que requerimos de la misericordia divina.

El tiempo actual, reclama vivir la Cuaresma como un camino de regreso profundo desde el corazón de la vida a Dios. Para volver a Dios, se nos proponen tres medios: la oración, el ayuno y la limosna. Para el cristiano, “orar significa dejarse amar por el Padre, ponerse en actitud de escucha, de docilidad interior... La oración también significa abrirnos al soplo del Espíritu Santo, que hace nuevas todas las cosas”, dijo el teólogo italiano Bruno Forte. En la tradición cristiana, el ayuno representa sobre todo la dimensión de la espera del Señor, y la apertura del corazón, despojándose de todo lo que es obstáculo al don de su venida. Por su parte, la limosna es una actitud del corazón, es un corazón compasivo “que busca reproducir en las relaciones con los demás la experiencia de misericordia que cada uno de nosotros vive en la relación con Dios (...) Para ello la limosna es atención, es discernimiento, es don”, recalca monseñor Bruno Forte.

El ayuno que pide la Iglesia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo consiste en desayunar menos de lo ordinario; puede ser un café y un pan blanco. El ayuno conlleva, además, no comer entre comidas. Además, el ayuno debe de ir acompañado de buen humor y de buenas obras. Están obligados al ayuno los mayores de 18 años y hasta los 60 años. La abstinencia de carne consiste en no comer carne roja o blanca, pero sí se puede comer pescado, y cenar menos de lo que se acostumbra. La abstinencia de carne se vive a partir de los 14 años.        

Este tiempo litúrgico nos llevará hasta el Triduo Pascual, memoria de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, y corazón del misterio de nuestra salvación. Lo único que no pasa, que siempre está presente es el Triduo Pascual: el Jueves, Viernes y Sábado Santos, y, por supuesto, el domingo de Resurrección.

Este periodo nos invita a revivir con Jesús los cuarenta días que transcurrió en el desierto, ayunando y orando por nosotros. ¡Y hay que ver en qué desierto vivió esos 40 días! El desierto de Judea no es un desierto de arena sino de piedras, con algunas cuevas, y escasísima vegetación.

La cuaresma es un momento favorable para convertirnos al amor, para perdonar y amar más a nuestra familia y a nuestros amigos. Un amor que sepa hacer suya la actitud de compasión y misericordia de Jesús. La mansedumbre se demuestra sobre todo en momentos de enfado.

El ser humano no puede vivir en la disipación porque al poco tiempo se siente vacío. Soljenitzin, Premio Nobel, ruso, llegó a Estados Unidos y vio que la gente tenía conversaciones superficiales; dio un discurso en una universidad. Les dijo que en Estados Unidos todo gira alrededor de la comodidad. Decía: Los niños educados de esta manera, ¿serán capaces de sostener al país en los momentos difíciles? Esto creó polémica pero hizo pensar.

Santa Catalina de Siena escribía: andemos por este mundo pensando que el tiempo es breve, los sufrimientos son bagatelas, y el fruto es grande. Los trabajos no se deben de sobrellevar doliéndose y lamentándose, porque así se añade trabajo sobre trabajo. Cristo es la dulzura eterna que diluye cualquier amargura. Deléitate en los oprobios y no quieras parecerte sino a Cristo crucificado. Pon tu afecto y tu solicitud en Él, y gozarás y verás que éste es el camino recto. Ningún camino se parece tanto a Cristo crucificado como el camino de los dulces sufrimientos (cfr. Epistolario, 5).

El viaje de la cuaresma es un éxodo, es un éxodo de la esclavitud a la libertad. Son cuarenta días que recuerdan los 40 años en los que el pueblo de Dios viajó en el desierto para regresar a su tierra de origen. ¡Y hay que ver cuánto trabajo les supuso!, sobre todo a Moisés. También a nosotros se nos dificulta volver a Dios, pero es necesario hacerlo. ¡Necesitamos volver a casa, volver a Jesús!

Al hombre de hoy, varón y mujer, a menudo insatisfecho por una existencia vacía y fugaz, y en búsqueda de la alegría y el amor auténticos, Cristo le propone su propio ejemplo, invitándolo a seguirlo, y, para empezar a aprender a hacer oración. ¿Cómo? Intentándolo.


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