Sociedad erotizada
El umbral de excitación del mundo actual está
muy alto, y muchos lo quieren imitar. Hay actos complementarios que, en vez de
ayudar a la otra persona a que sea más persona, animaliza. No se vale todo.
Estamos en una sociedad muy erotizada, y nos estamos olvidando de lo
importante: de ayudar a que la otra persona no se animalice. Es más fácil que
el varón se animalice a que la mujer lo haga.
No podemos justificar el mal. Es muy fácil
justificar el mal. Si justificamos el mal nos estaríamos clavando puñales.
La moral es el arte de vivir. La moral dice
cómo me tengo que comportar para ser bueno y para ser feliz, para ser como el
Creador me hizo, esa es la moral positiva. Si actuamos conforme a la naturaleza
seremos felices.
Mucha gente hoy en día no tiene una finalidad
en su vida. Deambula. Si vivimos conforme a los mandamientos, vamos a ser
felices y a hacer felices a los demás.
El uso de la anticoncepción siempre es mala.
Si no me siento capaz de vivirla debo pedirle la ayuda de lo alto. Imaginemos
que vamos en una pequeña barca que tiene dos remos. Para ir adelante necesito
de los dos remos: el esfuerzo personal y la gracia de Dios. El otro remo es
necesario: la oración, los sacramentos, sino, es imposible vivir la vida
matrimonial como Dios quiere.
La valoración moral de la anticoncepción está
reservada al matrimonio. Los jóvenes promiscuos, que tienen varias parejas, es
preferible que utilicen la anticoncepción a que no la utilicen. Es elegir el
mal menor: como el caso en que el protagonista decía “róbeme lo que quiera,
pero no me mate”.
Decirle a la gente que quiere hacer las cosas
bien que es camino de felicidad. Hacer atractiva la formación, es exigente.
Vivimos en una sociedad del bienestar. Todo eso pesa, y muchas veces hay que
renunciar a lo personal para tener esa familia que el Señor quiere que tenga.
Arrepentirnos, pedir ayuda a Dios. Luego,
confesarnos y no pasa nada. Pasa que te quitas un peso de
encima y recobras la amistad con el Señor.

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