Caminar en la presencia de Dios

 


En un libro que se llama Romper el Hielo, de Raimo Goyarrola, narra la historia de un sacerdote católico en Finlandia, que según mi parecer camina en la presencia de Dios, o más bien Dios es el protagonista. En un capítulo relata que leyendo el periódico se encontró con una carta al director, donde el autor hacía una ferviente defensa de la vida humana del no nacido. Buscó por internet y encontró que el autor era un pastor luterano de Hämeenlinna, una ciudad a 100 kilómetros de Helsinki. Le escribió y el pastor lo invitó a su casa. Ya estaba jubilado, se hizo amigo suyo y su historia resultó muy conmovedora.

En otra ocasión el Athelic de Bilbao fue a Helsinki a jugar futbol contra el HJK Helsinki. Una prima le consiguió tres entradas y el contacto con una persona de la Junta Directiva, le escribió y éste le dijo que el presidente lo quería saludar y con él podía conocer a los jugadores. Raimo iba vestido de sacerdote con su bufanda del Athletic. Al entrar al estadio rezó: “Señor: todos los que me miren, que se conviertan”. Le pidió a Dios que quedaran empatados y el Señor se lo concedió: 3-3.

Tener presencia de Dios es vivir en conversación con el Señor, tener familiaridad con Él. Don Javier Echevarría recomendaba ponerse en presencia de Dios y preguntarle: “Señor, ¿cómo te he cuidado?, ¿cómo te he buscado?”. Si nos esforzamos, convertiremos nuestra vida en diálogo con Él; si no, acabamos hablando con nosotros mismos.

Si una gente vive en presencia de Dios, capta las necesidades de los que le rodean. Ve si una persona necesita contar cómo le fue, sabe escuchar.

si debe hablar o escuchar; si habla mucho, la persona que tiene presencia de

 

La paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta, decía Santa Teresa de Jesús. Santa Teresa escribe que hay que “mirar a quien nos mira”, porque la presencia de Dios es hacer presente al Amigo para tener un encuentro personal con él. Esta presencia supera la soledad que aísla.

Don Javier Echeverría decía a sus hijos espirituales: “Querría que pensarais si rezáis de veras, a fondo, llevando el peso de la Iglesia y de las almas. Durante el trayecto de hoy, ¿cuántas jaculatorias habéis dicho por las personas con las que os cruzabais? ¿Cuántos actos de desagravio, al ver que algunas van mal vestidas? Que os interese cada alma, gastad vuestra vida para hacer un apostolado cada vez más intenso”.

Mucha gente no reza porque no tiene tiempo. La persona que ama encuentra siempre tiempo para quien ama.

San Juan Pablo II dijo que la Iglesia del futuro sería una Iglesia de contemplativos: profesionistas, sacerdotes, amas de casa, obreros, cocineros, humanistas, religiosos, etc.

La presencia de Dios es compartir todo con Dios, pedirle ayuda y consejo y considerar los asuntos en su presencia. La presencia de Dios nos ayuda a alejar las preocupaciones inútiles o inoportunas. Dios nos podría decir: “¡No pierdas el tiempo olvidándome! Pensar en mí es multiplicar por diez tu fecundidad”.

Benedicto XVI escribe en la Encíclica Deus caritas est, n. 37: “La familiaridad con el Dios personal y el abandono a su voluntad impiden la degradación del hombre”.


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