Personas libres
El acompañamiento espiritual debe darse en
un clima de libertad. San Pablo escribe: “El que profetiza
habla a los hombres para su edificación, exhortación y consolación” (1 Cor 14,
3), se trata de ayudar a oír la voz del Espíritu. Cada uno es como es, y hay
que tratar a cada persona según lo ha hecho Dios y según Dios lo lleva”. Para
ello hay que hacer un rato de oración antes de recibir a una persona, pidiendo
a Dios discernir qué es lo que Él quiere que le diga. Pero nadie nos sustituye
en las decisiones, más bien nos acompañan para tomar decisiones.
La formación tiende al abrir horizontes.
Es decir, expandir tus conocimientos, experiencias y oportunidades, viendo
más allá de lo habitual. Una persona sugirió leer un salmo
completo y luego reformularlo de acuerdo a las propias circunstancias, para
hacer oración.
La formación ayuda a crecer en la relación con Dios,
para conocer las múltiples formas en que Dios nos está hablando, ya que todo en
nosotros está hecho para escuchar la voz de Dios. Señor: Oro para que mis
pasos se alineen con tus pasos.
Ayuda a tomar decisiones con claridad.
Consultar con Dios. Jesús: ¿qué piensas de esta situación? Revélame las
mentiras que le he creído al enemigo de Ti y de mí. Y revélame estas verdades a
cambio de las mentiras a las que he renunciado.
La formación lleva a vivir tu fe de forma más
auténtica, para que puedas ser imagen del rostro de Cristo para los demás.
Hemos de ser purificados para transmitir ternura, no dureza. No hay que esperar
evidencias, con que Él me roce un poco, sana áreas de mi vida.
¿Cómo integrar a Dios en tu día a día? El Pbro. Javier
Echeverría recomendaba meter a Jesús en la vida cotidiana. Así, podemos pedirle
que nos acompañe a todo lugar.
El acompañamiento espiritual ayuda a conocer los obstáculos,
también ayuda en momentos de desaliento. Señor, gracias por los momentos de
poda del yo, de la soberbia; duele, pero estoy unido a Ti.
Fomenta el conocimiento personal para discernir
el camino. No soy la suma de mis debilidades, soy la suma del amor del Padre
por mí. Tengo la capacidad de ser imagen de Jesús, porque es Él quien lo hace.
El Señor nos dice: “Pon lo que esté de tu parte y olvídate de tus carencias”.
Joseph Ratzinger
decía que, detrás de ese deseo de libertad radical propio de la Edad Moderna se
halla claramente la promesa: seréis como
dioses. La meta implícita es no depender de nada ni de nadie, no ser
limitado en la propia libertad por ninguna libertad ajena. El dios pensado de
esta manera no es Dios, sino un ídolo, más aún, es la imagen del diablo —el
anti-Dios—, porque en él se da precisamente la oposición radical al Dios real. “La libertad para la destrucción de sí
mismo o para la destrucción del otro no es libertad, sino su parodia
diabólica”. La libertad del hombre es libertad compartida, libertad en la
coexistencia de libertades que se limitan mutuamente y que se sustentan así
mutuamente: la libertad tiene que medirse por lo que yo soy, por lo que
nosotros somos; en caso contrario, se suprime a sí misma (cfr. Joseph
Ratzinger, Fe, verdad y tolerancia p.
214).

Comentarios
Publicar un comentario