La Iglesia primitiva y el Espíritu del Señor
La doctora estadounidense, Mary Healy, hace
unas reflexiones a partir de su experiencia y sus estudios bíblicos.
¿Qué había en el Corazón de Cristo la
noche anterior a morir? Jesús pidió al Padre que los
apóstoles vivieran la unida, para que el mundo creyera que lo había enviado…
Eso le permite que el mundo crea en Él. Es decir, un requerimiento del
Evangelio. Los habitantes de África no entienden las divisiones de los cristianos
que van a evangelizar esas tierras. Efectivamente, Ralph Martin asegura que a
Cristo le duele que su Cuerpo esté roto. La desunión es un pecado, pero Dios
está haciendo algo asombroso en nuestro tiempo. Los dones del Espíritu Santo se
veían como algo históricos o fenómenos místicos extraordinarios en el siglo XIX,
ahora están siendo retomados. La oración al Espíritu Santo debería de ser tan
común como el Avemaría. Dios quiere más devoción al Espíritu Santo en la
Iglesia. Catalina de Siena pedía lo mismo. Desde la Ascensión hasta Pentecostés
hay nueve días en que se puede rezar por la unidad de los cristianos.
El Papa León XIII empezó el año del milenio, el
1 de enero de 1901 con un canto al Espíritu, el Veni Creator, para
dedicar el siglo al Espíritu Santo, y pidió a los Obispos del mundo que se
le unieran; pocos lo hicieron. No estamos preparados para las manifestaciones
del Espíritu. Dios hizo que en las iglesias protestantes empezara la renovación
en el Espíritu y luego pasó a la Iglesia.
Los carismas del Espíritu se han dejado de lado,
cuando es el Espíritu Santo quien cambia a las personas y las naciones. Pidamos
el bautismo en el Espíritu para todos en la Iglesia para que estemos vivos en
el Espíritu y no nos aterren las curaciones repentinas, obradas por el Espíritu
de Dios, como en los tiempos de la Iglesia primitiva (va de Pentecostés
hasta el concilio de Nicea, 325 d.C.).
Pentecostés es
el día del nacimiento de la Iglesia, allí empezó su acción. Con sus dones
entendemos más los misterios de la fe. Podemos profetizar y hablar con
sabiduría. Son los frutos del Espíritu.
San Cirilo de Jerusalén
habla de la embriaguez en el Espíritu. Santo Tomás de Aquino, comentando
el Salmo 36 dice: “Se embriagarán con la abundancia de tu casa”, “los haces
beber de los torrentes de tus delicias”, este es el amor del Espíritu que causa
una fuerza en el alma como un torrente de delicias. Santa Teresa de Ávila
escribe: “Dios a veces da al alma sentimientos de júbilo y una oración extraña
que no se entiende”.
Lo que estamos experimentando hoy es un
redescubrimiento que pertenece al ADN de la Iglesia. El ADN de la Iglesia
apostólica es el mismo ADN de la Iglesia de hoy. Estamos equipados con los
dones sobrenaturales del Espíritu para nuestra labor evangelizadora. La Iglesia
avanza contra el dominio de la oscuridad y no se acobarda porque está
empoderada por el Espíritu y sus hermosos dones. Debemos descubrir nuestra
tradición.
A San Juan Pablo II le preguntaron “¿por qué el
Espíritu permite tantas divisiones en su cuerpo?”. Contestó: Hay pecado de
ambos lados, pero Dios es capaz de sacar bien del mal: quizás sin ello no
hubiéramos conocido la gran riqueza que hay dentro del cristianismo. Tenemos
cosas que aprender de nuestros hermanos de otras tradiciones cristianas. Tenemos
diferencias doctrinales, pero la unión no es barata, no se trata de transigir y
no viene a costa de la verdad. El ecumenismo no significa compromiso. Se
trata de vivir la humildad, la caridad y evitar las ofensas.
La unidad entre los miembros atrae al
Espíritu Santo; la desunión ahuyenta al Espíritu, sea
entre católicos y protestantes o entre cuatro catequistas.
Los 12 Apóstoles, la Virgen, las santas mujeres y los
120 discípulos, en Pentecostés tenían unidad de mente y de corazón. No había
celos y envidias, reconocían la labor del Señor en cada uno de ellos. Se
apreciaban unos a otros sabiendo que el Espíritu habitaba en cada uno de ellos.
Evitaban la mentalidad divisoria entre ellos por su amor ferviente a Jesús.
Estamos viviendo tiempos de gran oscuridad, y la
oscuridad avanza. Pero el Señor está en movimiento y nos dice: Levanten la
vista y verán los campos listos para la cosecha y será una cosecha masiva. La
batalla es grande, la cosecha, mucha, no son tiempos para estar divididos.
El Señor pide arrepentimiento en lo que nuestro corazón no esté en sintonía con
el suyo. Hemos de pedirle que nos haga parte de lo nuevo que está preparando
y que perdone las divisiones que quizás hemos fomentado. El Espíritu nos llama
a crear puentes para la unidad en el Cuerpo de Cristo. “Jesús, elimina de
nuestro corazón todo lo que no esté en sintonía con tu Corazón”. Amén.

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