Cuaresma 2026

 

El Papa León XIV da tres consejos para esta cuaresma: Cultivar la escucha, ayuno de palabras hirientes y la unidad entre los fieles.

El profeta Jeremías dice: “Conviérteme y me convertiré a ti”. La conversión es obra de Dios y la lleva a cabo ante la buena respuesta de la persona. Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu.

La cuaresma es tiempo propicio para escuchar la voz del Señor, para recorrer con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Cada cuaresma es especial, diferente a otros años. Hay que vivirla con gran unión a nuestro Señor Jesucristo y a la Santísima Virgen. Todo un Dios necesita el consuelo de sus hijos. Reparar por la dolorosa falta de amor de los hombres al Creador. Es tiempo de vivir la Comunión de los santos, tan acorde con la doctrina de la Divina Voluntad. Es tiempo de estar en silencio, atentos a la voz divina.

¡Qué pocos se dan cuenta del amor que Dios tiene a la humanidad, y su amor por cada uno de nosotros en particular! Si viéramos a Dios clavado en la Cruz, empapado de sangre, oyendo blasfemias de los que pasan, y escuchando de Jesús: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”, ¿no se nos moverían las entrañas? Él nos mira y nos dice: “Estás conmigo en el Tabor y, a veces, por el camino del Calvario, o en la cruz crucificados, y Yo estoy a tu lado dándote las últimas fuerzas que me quedan, son las fuerzas de un Dios-Hombre crucificado que es Amor, y el Amor es entrega sin pensar en nada más”.

Y nosotros acudimos a la Virgen para recogernos en sus brazos, y, al calor de su corazón, tratamos de unirnos a su dolor y a su oración, pidiendo por la salvación nuestra y la de los demás, la de hombres de países lejanos que aún no conocen a Dios. En nuestra vida pueden presentarse “vacíos de amor”, como cuando las reacciones de soberbia, de pereza o de sensualidad toman la delantera

Los 40 días de cuaresma deben servir para meternos en nuestro interior y descubrir lo que no sabemos de nosotros, podemos así conocer las heridas que llevamos, nuestra debilidad y la necesidad que tenemos de la fortaleza de Dios.


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