Jesús Salvador 1ª parte

 

Esther Bonnin explica: Hemos oído que Jesús es nuestro salvador. ¿Y de qué me salvó? De estar atado al demonio. Por el pecado original perdimos la gracia, es decir, el ser agradables a Dios. Con su Pasión, Muerte y Resurrección Jesús carga con mi pecado y me da vida eterna.

Satanás es un espíritu real y maligno, e influye en nosotros a la hora de tomar decisiones, nos aconseja a no creerle a Dios; nos propone el pecado como solución a nuestros problemas. Es mentiroso desde el principio.

Dios les regala a Adán y Eva un paraíso, les da libertad para que tomen decisiones, y deciden hacer su voluntad y no la de Dios. Pierden la gracia y sus regalos. Se auto expulsan del paraíso

Nuestros problemas provienen de nuestras heridas. Necesitamos restauración. Estamos amarrados al pecado, seguimos cayendo en ellos. Necesitamos de la fuerza de lo alto. El Padre del Cielo se da cuenta y arma un plan perfecto. Envía a su Hijo Jesucristo para liberarnos. Esa es la gran noticia. Verdaderamente Jesús es nuestro Salvador.

San Juan escribe: “Tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo, no para condenarlo sino para salvarnos” (Juan 3,16). Un Ángel le anuncia a la doncella de Nazaret, María, que va a concebir al Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo y su reino no tendrá fin (cfr. Lucas 1,30).

Jesús vence a Satanás y María es la Mujer que lo concibe y que nos ayuda a nuestra salvación. Cristo Resucitado dice: “¡Ánimo! Yo he vencido al mundo” (Juan 16,33), y nos lo dice a nosotros. Sólo con Cristo podemos ser vencedores.

¿Quién es tu mayor enemigo? Muchas veces eres tú porque te rindes, y permites que los defectos de carácter te abrumen. Dejamos que nuestras pasiones nos dominen con la lujuria, la avaricia, la gula. Así caemos en conductas destructivas, y terminamos desbaratando familia o el círculo de amigos, pero Jesús tiene el poder de transformar nuestra vida de fracaso en victoria. Él viene a infundirnos ánimo. Y es que Jesús nos perdona nuestros pecados.

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