El Angelus, miradas a la Virgen y Escapulario

 


Una aparición de la Virgen de Fátima sucedió en agosto de 1917. La Virgen les dijo: "Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores. Tienen que recordar que muchas almas se condenan porque no hay quién rece y haga sacrificios por ellas". El Papa Pío XII decía que esta frase era la que más le impresionaba del mensaje de Fátima y exclamaba: “Misterio tremendo: que la salvación de muchas almas dependa de las oraciones y sacrificios que se hagan por los pecadores”.

Las devociones marianas son auténticos tesoros, y una de esas breves devociones es el Ángelus. Todos los días, en algún lugar del mundo dan las doce –por el movimiento de rotación de la tierra- y se reza el Angelus sucesivamente. Al rezar esta oración centrada en la encarnación del Verbo, nos sumergimos en la contemplación del misterio de Cristo.

En el siglo XVI se introdujo la costumbre de separar las tres Ave María con tres versículos, tal como se hace ahora en el rezo del Ángelus.

A finales del siglo XVII en Francia se rezaba en todas las iglesias: "no hay familia cristiana que no rece el Ángelus cuando oye tocar las campanas" (Bocquillot).

Pío XII favoreció la práctica del Ángelus al mediodía, rezándolo él mismo con sus visitantes peregrinos. El mismo Pío XII, al inaugurar la Radio Vaticana el 11 de febrero de 1958, con el rezo del Ángelus a mediodía, volvía a proponer esta oración a los fieles.

Finalmente, el Papa Juan XXIII, cuando empezó a impartir la bendición apostólica los días de fiesta, decidió colocar antes de la bendición la oración del Ángelus, uso que adoptaron luego sus sucesores.

A nadie como a María se entregó Dios tan abundantemente, pero tampoco criatura alguna comprendió como María la grandeza del don divino, ni fue como Ella tan fiel depositaria y adoradora. Por eso María como Madre de Dios y Madre nuestra es la mejor maestra, que nos enseñará a abrirnos al misterio de Cristo, su Hijo y hacerle un lugar cada vez más relevante en nuestras vidas.

Bruno Forte escribe: “El ser humano que se detiene, y tiene tiempo para Dios, es la respuesta adecuada ante el Dios que tiene tiempo para el ser humano”.

Miradas a la Virgen

Dios nos pide mirar a la Virgen acompañados por todos y todas las personas queridas. Mirar con amor es contemplar. La mirada no es solamente un acto físico; es una acción humana, que expresa las disposiciones del corazón. Hay miradas de amor y de indiferencia: miradas que muestran apertura y disponibilidad para comprender, y miradas cegadas por el egoísmo. Nosotros queremos mirar con ojos limpios.

Aprender a mirar es también aprender a no mirar. Todo lo que penetra a nuestros sentidos, penetra en nuestra conciencia. Sin la piedad las almas se aridecen, transformando la Iglesia de jardín en desierto.

Pon en tu mesa de trabajo, en la habitación, en tu cartera..., una imagen de Nuestra Señora, y dirígele la mirada al comenzar la tarea, mientras la realizas y al terminarla. Ella te alcanzará -¡te lo aseguro!- la fuerza para hacer, de tu ocupación, un diálogo amoroso con Dios (Surco núm. 531).

Escapulario

Llevar el escapulario de la Virgen del Carmen, o alguna otra medalla, es señal de fe en su intercesión poderosa y símbolo de nuestra alianza con Ella. En la ceremonia de imposición, el sacerdote recuerda que se debe recibir “impetrando a la Santísima Virgen que, con su gracia –es decir, con la gracia de Dios-, lo lleves sin pecado, te defienda de toda adversidad y te conduzca a la vida eterna”.

El mismo día que San Simón Stock recibió de María el escapulario y la promesa, él fue llamado a asistir a un moribundo que estaba desesperado. Cuando llegó puso el escapulario sobre el hombre, pidiéndole a la Virgen que mantuviera la promesa que le acababa de hacer. Inmediatamente el hombre se arrepintió, se confesó y murió en gracia de Dios"

Lucia (vidente de Fátima), reportó que en la última aparición (octubre, 1917, día del milagro del sol), la Virgen vino vestida con el hábito carmelita y con el escapulario en la mano y recordó que sus verdaderos hijos lo llevaran con reverencia.

 


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