El enamoramiento humano y divino
Explica Louis Cardona
Dios nos ha llamado, tenemos un sentido. Existimos
porque hay Alguien que ha dicho: “Sin ti no quiero estar”. Este amor divino se
manifiesta en el amor humano. Se percibe cuando amo con este amor exclusivo y
digo: “Sin ti no tengo sentido”.
Tenemos la capacidad de darnos con todo nuestro ser.
Otro me da el sentido, esto es coexistencia. La intensidad de eso es la
libertad. Hay mucha gente que ha sacrificado su vida por la libertad. Por
ejemplo, los esclavos, en Roma, se revelaban y arriesgaban la vida porque veían
la importancia de ser libres. Lo superior no es la vida, es la libertad, es
la capacidad de decidir a quién yo doy mi ser. Lo más certero es cuando
éste a quien me doy es Dios. Pongo mi vida y mi sentido en el Otro. Dios es
el primero que dice: “Yo quiero ser contigo”.
No somos números. No somos distintos solamente,
somos únicos. Cuando Dios me quiere, me quiere exclusivamente, con lo cual,
si me doy cuenta, puedo decir: “Sin Ti no tiene sentido mi vivir. Mi esperanza
está puesta en Ti”. Cada dualidad también es única. Al hacernos a su
imagen nos hace un ser abierto. El dos en uno como en el matrimonio humano
es algo querido por Dios.
A los 13 años yo estaba rebelde con el tema de la
Misa. El problema es que no quiero ir. Un cura me dijo: “Ve a Misa 7 días”;
pensé: “Si quiero, puedo”. Lo hice porque me había desafiado este sacerdote.
Fui todos los días durante un mes. Me di cuenta que la Misa del domingo ya no
era obligatoria para mí. No “tenía que” ir as Misa, iba porque quería. Introduje
la libertad.
Normalmente pensamos que, para amar, hay que ser: uno
ama como es.
Y nos quedamos con las virtudes de la voluntad, con la dimensión esencial,
vital. Me gustaría proponer que penetremos aún más en nuestro interior: dado
que Dios es Amor, lo más elevado en nosotros es el amar personal.
Es un trascendental: lo más propio del ser. También por eso Jesús pide
solamente esto: amar. Ser en el hombre es, antes que nada, AMAR. Uno es como
ama. Lo sabía Jesús y nos lo dio como único mandamiento. Pero no porque
quisiera obligarnos, sino para animarnos: es lo más importante porque asegura
que el hombre encuentre su sentido original del que pueden desarrollarse todos
los proyectos humanos, hasta llegar donde se llega (dimensión del hacer, de la
biografía). La sabiduría nos lleva a considerar que conviene mirar "hacia
arriba". Porque, ¡qué casualidad!, esa dimensión no es limitada. Cuánto
más se ama, más intensidad vital adquirimos... ¡para siempre, para siempre,
para siempre!
Sin la antropología de Leonardo Polo todo esto no se alcanza. Porque se
entiende "ser" como sinónimo de "existir", y
"persona" como sinónimo de sustancia. Así que, una vez muertos,
dejamos de ser persona porque nos hemos quedado sin cuerpo. No nos damos cuenta
de que, si no nos hemos despistado, habremos ganado un cuerpo superior: el
Cuerpo Místico de Cristo.
Por eso la persona humana "sueña" con la réplica. También por eso
Dios se hace hombre... porque, entonces, a nivel de la esencia, podemos
"vivir en Cristo". Vivir en el otro es la coexistencia que podemos
alcanzar.
El objetivo será dejar a Cristo que nos identifique con él. Entonces nuestro
rectángulo adquiere una superficie infinita: nos divinizamos. En Cristo tenemos
la experiencia divina de "ser" [vivir] en el otro.
Como en Dios ser y vivir se identifican, mientras que en el hombre se
distinguen realmente, el punto de encuentro del Creador y de la criatura se da
en el vivir. Porque Dios se hace hombre para que el hombre se haga
"dios". Es lo que les hizo caer a Adán y Eva, es lo que les hace
levantarse (redención). El hombre cae, el HOMBRE-DIOS nos levanta: Jesús.

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