Ten visión sobrenatural
Si no miramos a Jesús que pasa, toda nuestra
vida se convierte en un planteamiento muy débil. Hemos de sabernos
mirados por Dios. Hemos de sabernos amados por Dios. La oración es más saberse
amados por Dios, que nosotros decir cosas. Si nos sabemos mirados por Jesús
nuestra vida irá a más, porque sentiremos la exigencia de Jesús, sentiremos
afán de correspondencia.
El hombre funciona porque le encuentra
sentido a lo que hace. Jesús pasa y nos pide cosas. Ahí lo importante es escuchar,
Dios nos habla cada día, cada momento.
Seguir a Cristo: ése es el camino. ¿Lo hemos
emprendido? Cristo Jesús que va con paso decidido a la Cruz. “Venid en pos de
mí”, nos lo dice el Señor cada vez que hacemos bien la oración. Allí nos
recuerda el Señor a qué hemos venido. Seguir a Cristo para ser apóstoles, para
ser pescadores de hombres. La gente quiere ver a personas coherentes. La
gente está ansiosa de ver la luz.
¡Qué difícil es que el que está apegado a las cosas
materiales tenga vida interior! El Señor dice: qué difícil es que un rico entre
en el Reino de los Cielos, es decir, quien está apegado a los bienes de la
tierra.
El mayor milagro que le pedimos al Señor
es nuestra fidelidad que consiste en hacer su Voluntad.
Todo lo que decimos tiene sentido en la medida de mi decisión por ser fiel,
evidentemente es una medida que se apoya en la gracia de Dios, no en mis
fuerzas.
El Cuerpo despedazado de Cristo es el que
triunfa. Cuando nos vemos poca cosa, débiles, vamos a la Eucaristía por fuerza.
El Señor redime con el amor, con la docilidad al Espíritu Santo, con su
pobreza, con su misericordia. Responderle a Dios, hay
que ser de los que redimen. Para eso nos ha llamado el Señor, para responderle
con fidelidad. Los santos son santos porque se dejaron guiar, porque
correspondieron a la gracia. La fidelidad es labor y fruto de toda la vida.
Hemos de ser como el mercader de perlas finas, que va
y vende todo lo que tiene para adquirir una gran perla. Yo vendo lo que tengo
–mis criterios, mis ideas- por una perla fina. La felicidad más grande de mi
vida es la fidelidad a la vocación. La Obra es de Dios y todo lo que venga de
la Obra viene de Dios. Benedicto XVI habla de dejarnos atrapar por Dios.
Tolkien escribió: “¿Qué
castigos de Dios no son regalos?”. La providencia de Dios es misteriosa y
maravillosa.
Hemos de ser los primeros en buscar la gracia. ¿Cómo
comulgamos, con qué fervor y devoción? El Señor purifica y modela a cuantos
llama... Hay que encontrar el gozo en la Cruz. Jesús, para poder estar con
nosotros en el sagrario, antes sufrió, se dejó moler. Yo también tengo que
dejarme purificar, transformar. A cuantos llama el Señor los purifica.
Hay que arrostrar el infierno si hace falta, para
salvar nuestra alma y la de muchos más. Santa Teresa decía que por sus
pecados merecía el infierno, que tomaría la vida como purgatorio para conservar
su alma para la vida eterna.
Quien ve
el apostolado con visión sobrenatural puede afirmar: “No te preocupes si tu
labor ahora parece estéril. Cuando la siembra es de santidad, no se pierde; otros
recogerán el fruto” (Forja, 651).
Dice San Agustín que a veces no vemos nuestro
pecado. ¿Lo quieres ver? ¡Haz penitencia!, dice. Y es tiempo de
penitencia, lo ha dicho la Virgen en Lourdes, Fátima y en todas las partes
donde se ha aparecido en el siglo XX.
“En la
vida espiritual, muchas veces hay que saber perder, cara a la tierra, para
ganar en el Cielo. -Así se gana siempre” (Forja, 998).
Propósito: que nuestra vida se convierta en una
alabanza a Dios, en adoración al Señor. Toda la vida de
la Virgen fue un Magnificat.

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