Fe en la Palabra

 




Creer no es saber que Dios existe “también los demonios creen y tiemblan” (Santiago 2,19). Tener fe es obedecer a Dios.

La gente que no cree y no respeta la libertad de creer de los otros, lleva a los demás al caos, tanto en la familia como en el trabajo. ¿Por qué? Porque al no creer, no hay sentido, no hay trascendencia.

Ningún milagro transforma el corazón humano, la fe es una decisión personal. La incredulidad no es no creer en Dios, es creer que Dios no puede actuar en mi vida, y al no creer, se busca la brujería, la santería, el espiritismo o lo que sea, porque se piensa que Dios tiene poder.

La persona que desea creer debe depositar su fe en Dios y en Jesucristo. La fe no es creer que yo puedo lograr algo por mis propias fuerzas, la fe es creer que Dios puede y yo me asocio.

La Alianza pone de relieve la confianza de Dios por su pueblo y nos remite a la crucial importancia que tiene, en el plan de Dios, la confianza con la que el hombre responda a Dios. La desconfianza está en la raíz de todo pecado, por la cual el hombre ya no ve a Dios como el Padre providente sino como un vigilante opresor.

Para Josué pesaba más la promesa de Dios, de que iban a conquistar la tierra prometida, que lo que sus ojos veían. La gente quería apedrear a Josué y a Caleb (Números 14,10), pero la gloria de Dios se mostró en el tabernáculo de la reunión. Dijo Dios: ¿Hasta cuándo me va a despreciar este pueblo, hasta cuándo van a desconfiar de mí, después de haber visto tantas señales? Los heriré con peste. Moisés intercede y pide a Dios muestre su poder, ya que “es lento a la ira  rico en misericordia”. Le recuerda lo que Dios mismo le dijo en el Monte Sinaí ¿Qué van a decir los egipcios de ti? Moisés tiene celo de la honra de Dios.

Este pueblo me ha puesto a prueba diez veces, dice el Señor, Dios lleva la cuenta. No voy a destruir al pueblo, pero ninguno de los que me rechazó, va a entrar en la tierra prometida, le dice Dios.

Lo normal es tener problemas. No hay murallas ni gigantes. Si caminamos en fe hay menos problemas. Si dejamos de orar porque tenemos pecados nos hundimos más. No le digas a Dios cuán grande es tu problema, dile a tu problema cuán grande es el poder de Dios.

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