Estudiar para dialogar con la cultura actual
La Iglesia es consciente de encontrarse en un mundo en
el que no se acepta tácitamente la visión cristiana. ¿Qué me dice a mí el
cristianismo? En primer plano se ve la necesidad de ser salvado por Jesucristo,
el mundo necesita un encuentro con Cristo vivo, esto es el kerigma. El
mundo se está secularizado, es decir, está haciendo de lado lo sagrado, por tanto,
hay que presentar la fe con significado.
León XIV habla de un cambio
cultural profundo que no puede ignorarse. El kerigma no se puede dar por
supuesto. Explica que el bienestar no ha traído la felicidad esperada, el
progreso no ha colmado el deseo profundo del corazón humano. El libro Introducción
al cristianismo, de Joseph Ratzinger, toma en cuenta este contexto.
¿Qué hace que una persona
sea creíble? La autenticidad. Debo vivir la autenticidad
por una exigencia personal, y para ser creíbles. Hoy se vive cara a lo
externo, buscando el poder, se dan conflictos de poder en el trabajo, en la
sociedad y en la Iglesia.
El hombre necesita
redescubrir la propia interioridad, que no se agota en la mera imagen o
trabajo. Se plantea las grandes cuestiones existenciales. Juan Pablo II citaba
mucho esta frase: “El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio
del Verbo encarnado” (CV II, GS 22). Cristo le descubre la sublimidad de su
vocación. Esta semejanza demuestra que el hombre no puede encontrar su plenitud
sino en la entrega sincera a los demás.
El cristiano -sacerdote, consagrado o laico- debe orar,
estudiar y tener argumentos para defender su fe y para catequizar. Siempre
cabe entender más, comprender mejor. El misterio de Cristo nos permite penetrar
más lo que es el ser humano.
El doctor Luis Romera relata: En Nuremberg,
Alemania, había muchos conventos. Una Madre superiora pidió al Obispo un
sacerdote bien preparado. Le envió a uno, le hizo un examen y no lo pasa, lo
mismo un segundo. El tercero pasó el examen. La Madre Superiora quería un
sacerdote bien preparado porque los protestantes habían llegado al pueblo y
necesitaba una religiosidad más profunda. Todos los conventos de Nuremberg se
hicieron protestantes menos éste.
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