¿Qué te quita la alegría?

 


Un entrevistador le preguntó a la psiquiatra Miriam Rojas Estapé: ¿Qué nos quita alegría? Ella respondió: Compararnos con otras personas. “Si cortas de raíz cualquier asomo de envidia, y si te gozas sinceramente con los éxitos de los demás, no perderás la alegría” (Surco, n. 93).

¿Qué más nos quita la alegría? El enojo ante las imperfecciones de los demás, en esto hemos de ser más comprensivas y saber que no hay personas perfectas, y, si algo nos molesta, o lo pasamos por alto o lo corregimos, pero no estamos “¡rumiando!” aquello.

La paz y la alegría son reflejo de la fe. Ser causa de alegría para los demás no es fruto de nuestro esfuerzo, sino que viene de la fuerza del Espíritu Santo, que es quien nos lleva más al Señor. La alegría auténtica nace de la certeza de sabernos siempre infinitamente amados por Dios, que nos prepara una gran fiesta ante la profunda alegría del arrepentimiento.

San Agustín escribió: “Dios lo que más odia después del pecado es la tristeza, porque nos predispone al pecado”.  Efectivamente, la tristeza origina faltas de caridad, despierta el afán de compensaciones y permite, con frecuencia, que el alma no luche con prontitud ante las tentaciones. “La tristeza mueve a la ira y al enojo”, dice San Gregorio Magno (Moralia 1,31,31).

San Juan Pablo II decía que la santidad es la alegría de hacer la Voluntad de Dios. La experiencia de los santos enseña que la alegría honda surge de un corazón que se sabe amado por Dios y que corresponde. Las personas más felices han sido y son los santos. Si buscamos la identificación con Cristo en nuestra vida, nada puede quitarnos la paz y la alegría: el dolor purifica el alma, y las mismas penas se transforman en fuente de paz.

Cuando una persona se mantiene alegre, contagia, atrae, ayuda al buen ambiente. Sonreír significa encontrarse bien a pesar de los pesares. Nadie tiene que saber lo que estamos pasando.

Un entrevistador le preguntó a Miriam Rojas: ¿Qué es la infelicidad? Ella respondió: “compararse. Con las circunstancias que tengo, lo hago lo mejor que puedo. Luego hay que pensar, no puedo hacer todo lo que quisiera, entonces ¿a qué tengo que decir que no? Eso ayuda a jerarquizar”.


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