Recupera tu mente
Hay un libro titulado Recupera tu mente,
recupera tu vida, de Marian
Rojas, del que exponemos algunas ideas.
Tendemos a repetir lo que vemos, sobre todo los niños.
Las neuronas nos llevan a replicar lo que vemos, esto nos puede alejar de la
vida real.
Lo más importante en esta vida es amar a nuestra
familia y sentirnos amados. A veces hablamos de la “persona vitamina”, que es
ese ser que da ánimo, que es positiva. Para estar bien con alguien hay que
estar bien con uno mismo. Debo aceptar que tengo limitaciones, que he cometido
errores, pero que quiero superar traumas y sufrimiento. A veces somos muy
sensibles, tenemos rasgos de personalidad, y a veces, estamos estresados. El
hipersensible se convierte en una persona vulnerable, y luego eso se somatiza eso
y salen síntomas psicológicos… ¿qué me pone en modo alerta? Recuerdos,
circunstancias, personas, una herida sin resolver. También debo identificar
cuáles son mis miedos. El miedo está en una zona del cerebro, existe para que
seamos prudentes. Algunos de estos pequeños miedos son necesarios.
Hay patrones que se repiten de padres a hijos. Lo
vivido lo considero normal. Tengo que ver si son buenos o tóxicos, o me hacen
elegir mal. A veces elijo desde la carencia, desde la ausencia. La persona-vitamina
supera esas barreras y heridas.
Lo que nos hace envejecer de modo saludable son las
buenas amistades, con convivir las
personas que nos hacen bien, además, así se fortalece el sistema inmune.
“El sentido del humor es patrimonio de los
inteligentes”, dice Rojas. Todo lo que nos sucede puede
verse en clave de oportunidad o en clave de enojo. Interpretamos la vida según
muchos aspectos, podemos oír una voz interior negativa o positiva. El pesimismo
está influido muchas veces por la imaginación, porque la mente trae cosas
negativas que pueden suceder, pero no pasan. La actitud positiva tiene mucho
que ver a “como yo me hablo”. Si vas a una entrevista de trabajo, piensa que es
posible que te contraten, pero también se puede pensar “hay personas más
capacitadas, saben más inglés”. Si llegas nervioso, el cerebro tiene menos
capacidad de encontrar la solución.
Las mujeres tendemos a conectar lo que nos sucede con
una voz interior y una emoción. Los varones tienen compartimentos. La felicidad
es disfrutar de lo bueno cuando llega, y gestionar las cosas desagradables
cuando llegan. ¿Cómo me hablo de lo que me sucede? Eso influye en
cómo lo voy a gestionar. ¿Cómo me trato? ¿Cómo hablo de mis decisiones, de
mi pasado, de mi presente, de mi futuro?
Debo ir fraguando las herramientas para
conseguir esa voz interior positiva. A veces tenemos
circunstancias muy duras y dolorosas, no hay que tener miedo a pedir ayuda.
Hay que buscar la conciliación en la
familia, es un reto. Nos lleva a saber elegir, sin culpa,
a saber renunciar, sin culpa. Uno quiere hacer deporte, comer saludable,
pero no todo se consigue, no hay personas perfectas ni situaciones perfectas.
Hay que aceptarlas. Vivimos un presente acelerado. Y al final, cuenta
disfrutar las cosas pequeñas y la paz: me llega lo bueno y lo disfruto.
Puedes anotar lo que quieres hacer y después
jerarquizar. Hay que elegir lo mejor en cada momento; hay que aprender a decir
que no; a veces hay que renunciar a cosas que nos gustan a favor del bien de
los que amamos.
El papel de los padres va cambiando conforme los hijos
crecen. Hay que gestionar la impaciencia y la irritabilidad. La “batería mental”
se va desgastando a lo largo del día. Las múltiples variables hacen que la
batería baje. Cuando la batería está a menos del 20% estamos más
sensibles y nuestra familia se encuentra con nuestra peor versión, por eso hay
que llegar a casa no tan desfallecidos. La conciliación consiste en entender
cómo soy yo y como son cada uno de mis hijos. Cuando abren un canal de
comunicación hay que aprovecharlo. Hay
que conocer las facetas más importantes de nuestra vida.
Es imposible estar al día en todo. Acelerados no podemos
disfrutar de los pequeños detalles de cada día. Basta mirar algo con interés
para que se vuelva interesante.


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