Sucedió en Córdoba, Argentina

 


Lucas, un joven protestante, estaba en crisis porque la novia lo había cortado, no encontraba trabajo y sus ahorros se agotaban, por eso aceptó un compañero en el departamento, para dividir gastos, ese compañero se llamaba Pedro y era seminarista.

Este es un testimonio precioso. Lucas vio que Pedro hacía oración en silencio, así que se acercó para conocer su modo de tratar a Dios. El seminarista argentino, Pedro, le habló de su experiencia, de sus obstáculos, de sus luchas, de cómo intentó vivir sin Dios en su adolescencia. Sus padres veían la religión como un factor cultural, iban a Misa en Navidad y Pascua. Empezó a salir los fines de semana; boliche, fiestas, cervezas… Una noche el coche en que iba chocó y su compañero al volante murió porque iba borracho. Pedro empezó a ir a Misa los domingos. Un sacerdote le dijo: “Dios no necesita que seas perfecto, necesita que seas honesto”.

Pedro le comentó: “Le preguntas a Dios por qué no te da trabajo, pero a lo mejor hay que preguntarle qué sentido tiene tu vida. ¿Conoces a Jesús o sólo sabes cosas sobre él? … Puedes tener datos, pero otra cosa es tratarlo cada día… ¿Cómo? Deja que él te hable. Búscalo a él, no a sus regalos. La oración no es para informarle a Dios lo que necesitas, en ella encuentras sustancia, cimiento. Hay que dejar espacio para escucharle. Dios está allí en silencio, con nosotros- No tienes que “venderle” la urgencia de tu situación. Él ya la conoce. La oración es para alinearte con Él. Jesús no vino a darnos todo lo que queremos, nos da lo que necesitamos, y, a veces, son cruces”.

Lucas comenta: “Una grieta se abrió, seguía sin trabajo, pero ¿realmente conocía a Dios? empecé a levantarme más temprano para observar a Pedro”. Ante una pregunta de Lucas, Pedro le enseña que María es intercesora, como lo ha sido muchas veces nuestra madre o un amigo. Otro día le pregunta: “¿Por qué te confiesas tan seguido?”. Pedro contestó: por tengo fallas de orgullo, impaciencia, juicios sobre otros. ¿Qué te da la confesión? Objetividad. ¿No es un ritual? Sí. El ser humano necesita rituales.

Un día, Pedro tuvo un ataque de ansiedad a las 3 a.m. Tocó en la puerta de Pedro y le pidió ayuda. Pedro dijo: “Respira con profundidad... ¿Quieres agua?”, sí. Conversaron tres horas, hasta que amaneció.

Un día Pedro invitó a Lucas a Misa. Se fueron caminando a la Iglesia. Lucas vio un órgano viejo y oyó voces desafinadas. Le llamó la atención la solemnidad y la reverencia de los creyentes. En el momento de la consagración todos se arrodillaron. A la hora de la comunión, los que comulgaban lo hacían con seriedad. Pedro volvió a su lugar, se arrodilló, cerró los ojos. La Misa terminó. Lucas dice: Caminamos de vuelta al apartamento sin hablar. Yo pensé: “He estado presente en algo trascendente”.

Luego, el 24 de diciembre, Lucas quiso ir a la Misa de Navidad. El predicador mencionó que Dios entra a la historia humana por la puerta más baja posible. Dios se hizo Hombre, no envió un representante o un Ángel. Se hizo uno de nosotros, ¿por qué? porque nos ama. Celebramos el mayor acto de humildad de la historia. Dios vulnerable, dependiente.

Lucas manifestó a su amigo que sentía miedo. Miedo de fallar, de decepcionar a Dios, a mi familia.

- Pedro, ¿nunca has tenido miedo? Sí, pero la oración ayuda a superarlo.

Lucas dijo a Pedro: “Quiero seguir yendo a Misa”, a lo que Pedro respondió: “Eso es suficiente por ahora”. Lucas empezó a tomar clases semanales con otros catecúmenos. El peso de lo que estaba dejando atrás se hizo insoportable.

Las semanas siguientes fueron duras. Lucas comentó: “Un hogar espiritual me esperaba desde hace dos mil años. Entendí la coherencia de la fe católica. Si se cae una columna se pierde fundamento… Todo está conectado. Mi crisis no había sido castigo, había sido preparación”.

Fuente: https://youtu.be/L4aFyNbKTcE


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