Las pruebas de la vida
En una revelación privada nos dice la Virgen María: “Quiero verlos
felices aquí en la tierra y luego conmigo en el Cielo. Estén atentos cuando
les ofrezcan puertas anchas, recuerden que el camino a la eternidad pasa por la
puerta estrecha. Aún tendrán largos años de duras pruebas, pero quienes
permanezcan junto a Jesús se salvarán. Este mensaje lo doy en nombre de la
Santísima Trinidad… Que estén en paz” (Nuestra Señora a Pedro Regis,
23-XII-2025).
Algo similar nos dice el Señor: “Hijo mío, si te propones servir al
Señor, prepárate para la prueba; mantén firme el corazón y sé valiente; no te
asustes en el momento de la adversidad. Pégate al Señor y nunca te desprendas
de él, para que seas recompensado al fin de tus días. Acepta todo lo que te
sobrevenga, y en los infortunios ten paciencia, pues el oro se purifica con el
fuego, y el hombre a quien Dios ama, en el crisol del sufrimiento.
Confíate en el Señor y él cuidará de ti, espera en él y te allanará el
camino… Los que temen al Señor confíen en él, porque no los dejará sin
recompensa. Los que temen al Señor, esperen sus beneficios, su misericordia y
la felicidad eterna… El Señor es clemente y misericordioso; él perdona los
pecados y salva en el tiempo de la tribulación (Eclesiástico, 2,1-13).
No queramos comprender las purificaciones que Dios nos manda, porque
nuestra inteligencia es limitada y no vemos el panorama total de la historia.
Como lo ve el Creador. El mundo está lleno de injusticias. Lo mejor es confiar
en Dios como confía un bebé en su madre. Decirle al Señor: “no tengo más
refugio que ocultarme en tu divino Corazón”.
El Papa Benedicto XVI escribió: Toda prueba aceptada con
resignación es meritoria y atrae la benevolencia divina sobre la humanidad
entera” (Mensaje para la 14ª Jornada mundial del enfermo, 11-II-2006).
Ana Catarina Emmerick afirma que sufrir pacientemente es el estado más digno
de un hombre sobre la tierra. Si un ángel pudiera tener envidia la tendría del
hombre que padece por Dios.
Dios es humorismo infinito, además de sabiduría, él
siempre nos ama, sobre todo cuando no entendemos. Tiene modos de amarnos
incomprensibles para nosotros.
Dios nos prueba, juega con
nosotros. Nos lanza una pelota y dice: “Atrápala porque es valiosa”, esas
pelotas ayudan a que disminuya tu yo. Una pelota es estar relegado; otra, ser
humillado, no ser entendido…, si lo llevas bien, si acusas el golpe, llegas más
hondo en tu purificación al callar y no tener espíritu de contradicción. No te
rebeles. Soy Yo.
San Pedro escribe: “No se sorprendan del fuego de persecución
que ha surgido que ha prendido por ahí para ponerlos a prueba, como si les
sobreviniera algo nunca visto. Al contrario, alégrense de compartir ahora los
padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, el júbilo de
ustedes sea desbordante” (1ª Carta,4, 7-14).
San Pablo les dice a los corintios: Luchamos con las armas de la
justicia, tanto para atacar como para defendernos, en medio de la honra y de la
deshonra, de la buena y de la mala fama. Somos los “impostores” que dicen la
verdad; los “desconocidos” de sobra conocidos; los “moribundos” que están bien
vivos; los “condenados” nunca ajusticiados; los “afligidos siempre alegres; los
“pobres” que a muchos enriquecen; los “necesitados” que todo lo poseen. (2ª
Carta 6, 4-10).
Todo es cuestión de fe, de saber que “nuestros sufrimientos momentáneos
y ligeros nos producen una riqueza eterna, una gloria que los sobrepasa con
exceso” (2ª Cor 4, 13-5).
El
hombre es desdichado porque no sabe
que es feliz. San Agustín escribió: “Dios lo que más odia después del pecado es
la tristeza, porque nos predispone al pecado”. Efectivamente, la tristeza
origina faltas de caridad, despierta el afán de compensaciones y permite, con
frecuencia, que el alma no luche con prontitud ante las tentaciones. “La
tristeza mueve a la ira y al enojo”, dice San Gregorio Magno (Moralia 1,31,31).
San Pablo nos dice: Luchamos en medio de la honra y de la deshonra,
en calumnia y en buena fama; como impostores siendo veraces; como desconocidos
siendo bien conocidos; como moribundos, y ya veis que vivimos; como castigados,
pero no muertos; como tristes pero siempre alegres; como pobres pero
enriqueciendo a muchos; como quienes nada tienen, aunque poseyéndolo todo (2ª
Corintios 6, 8-10). Y añade: “La leve tribulación de un instante se convierte
para nosotros, incomparablemente, en una gloria eterna y consistente” (2ª Cor
4, 17).
San Pedro también comparte su experiencia cuando escribe: “No se
sorprendan del fuego de persecución que ha surgido que ha prendido por ahí para
ponerlos a prueba, como si les sobreviniera algo nunca visto. Al contrario,
alégrense de compartir ahora los padecimientos de Cristo, para que, cuando se
manifieste su gloria, el júbilo de ustedes sea desbordante” (1ª Carta, 4,
7-14).
Tarde o temprano las pruebas sobrevienen. Para superarlas
necesitamos mucha fe y confianza en el Señor, en que él sabe mejor el fondo y
lleva los hilos de la historia. De grandes males puede sacar grandes bienes.
Tenemos una vida donde hay gozos y sufrimientos, y nunca somos felices
del todo, pero luego viene la vida eterna en la que no hay dolores ni lágrimas.
Estamos hechos para esa felicidad eterna, sólo basta con acudir a la
misericordia de Dios y a los sacramentos que Él dejó.
Pedir a Dios ver con los ojos de Cristo. No se trata de encontrar a
Cristo en los demás porque sean buenos o porque se parezcan a Cristo, sino
porque lo que hagamos por los demás se lo hacemos a Él. Jesucristo ha dicho que
hemos de verle en los demás.
En las pruebas hay personas que desconectan de Dios, y otras, se
conectan más con Él. Los místicos afirman que cuando Dios te talle y
sientas dolor, no temas. Alégrate, está haciendo de ti un diamante, Dios no
talla vidrio sino piedras preciosas. Si te sientes herido piensa que la Pasión
de Jesucristo es suficiente para sanar nuestras heridas. Medita la Pasión del
Señor. Escribe el profeta Isaías: “En la quietud y en la confianza está tu
fortaleza” (30,15).
Un artista estadounidense fue protagonista en la película Mátrix, ganó
mucho dinero y luego le acontecieron desgracias familiares. Al final, decidió
donar el 70% de sus ganancias a enfermos y concluyó: “Sé agradecido por los
tiempos difíciles, ellos te hacen más fuerte”.

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