Tratar a nuestros ángeles custodios
Tratar a nuestros ángeles custodios
Sabemos que estamos en guerra con el diablo
y los ángeles caídos. A medida que maduramos en la vida
espiritual adquirimos una mayor conciencia de los diferentes ataques de los
espíritus malignos. Es un consuelo saber que siempre estamos bajo la protección
de nuestro ángel custodio que nunca nos abandona.
San Josemaría Escrivá
contaba con la ayuda de los ángeles de la guarda para todos sus apostolados;
tuvo por ellos una devoción muy intensa y así lo enseñó a sus hijos
espirituales. Acudía a su ángel tanto en las necesidades materiales como
espirituales. Cuando saludaba al Señor en el sagrario, agradecía a los ángeles
allí presentes, la adoración que prestan continuamente a Dios. Adquirió el
hábito de saludar siempre al ángel custodio de las personas con que se
encontraba.
A lo largo de la vida del Padre Pío de Pietrelcina,
su ángel fue como una extensión de su ministerio personal cuando no podía
ayudar físicamente a alguien. Padre Pío le llamada “mi compañero celestial,
protector y amigo”. A su amigo Benedetto le mandó a su ángel de la guarda a
consolarlo. Padre Pío descubrió que podía tener una relación personal con su
ángel, lo que dio mucho fruto. En una carta a su hija espiritual, Rafaelina, le
dice: “Debes saber que este buen ángel ora por ti: le ofrece a Dios todas las
buenas obras que realizas, así como tus santos deseos. En las horas en que
pareces estar sola y abandonada, no te quejes por no tener un compañero de alma
a quien puedas abrir tu corazón y confiar tus penas: por el amor de Dios no
olvides a este compañero invisible.
¡Si todos los hombres supieran cómo entender y
apreciar este gran regalo que Dios, en el exceso de su amor por los hombres,
nos ha asignado a este espíritu celestial! Recuerda su presencia con
frecuencia: debes fijar la mirada de tu mente en él. (cfr. Padre Pío,
Epistolario II, Carta 64, 403s).
“Hay que
rechazar el uso de dar a los Ángeles nombres particulares, excepto Miguel
Gabriel y Rafael, que aparecen en la Escritura” (Congregación para el Culto
Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad
popular y la Liturgia. Principios y Orientaciones, Cd. del Vaticano 2001,
núm. 217).
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