Amuletos ideológicos
Un amuleto es un objeto que al cual se le atribuyen poderes protectores y espirituales para quien sea el portador del mismo; también es acompañado de la idea de mayor prosperidad, buena o mejor suerte y amor para el portador, desvían de Dios, buscan controlar lo invisible. Algunos amuletos provocan un vínculo mental cuando se cree que, sin él, le va a ir mal.
Todos queremos seguridad, control y, si no lo hay,
comienza la ansiedad, la preocupación o el estrés. Ante esto uno puede volverse
a Dios o buscar el control en los amuletos, la magia, la superstición (que es una
perversión del culto), el ocultismo. Estos poderes no provienen de Dios. El
Primer Mandamiento prohíbe toda superstición, prohíbe poner la fe en algo que
no es Dios.
El Padre Rodrigo Solera explica que los
amuletos buscan tener seguridad fuera de Dios. Eso es incompatible con la fe. Hay
amuletos físicos como la pata de conejo, cuerdas, manita de gato,
cristales, pirámides de cuarzo, herradura, talismanes, espanta sueños, etc.
Hay personas que usan objetos religiosos como amuleto,
por ignorancia. Por ejemplo, el escapulario del Carmen está vinculado a
renunciar a los pecados mortales; si alguno cree que es un paso automático al
Cielo, se equivoca.
La superstición es una creencia irracional que
trata de convencer a las personas de que ciertas obras, objetos o números
pueden traerles buena suerte o desgracias. Hay quien piensa que romper un
espejo es de mala suerte y llevar un ojo es de buena suerte. Hay quien piensa
que le va mal porque “le han echado la sal”.
El Dr. Plinio habla de que amuleto ideológico es
interior, está en el corazón, es una idea o un modo de sentir, que la persona
acepta interiormente, hay culpa, y a través de él, el demonio puede aprovechar
la ocasión para esclavizar. En el amuleto ideológico hay aceptación,
consentimiento. El amuleto ideológico puede ser una idea obsesiva,
recurrente. Puede haber una obsesión natural, por ejemplo, tener un carro
nuevo, pero si eso aparta de Dios, puede ser aprovechado por el enemigo para
convertirlo en obsesión.
Hay sentimientos negativos que persisten, se
convierten en una idea fija, como ver todo de forma triste, pesimista, sin
esperanza, con envidia, con sospecha, sentimientos de cosas pasadas... Esto nace
de una idea interior consentida. Quizás esta idea viene del resentimiento,
de no haber perdonado. El resentimiento es “volver a sentir”, allí puede
haber un amuleto ideológico.
No tenemos el dominio total de nuestros sentimientos,
a causa del pecado original, podemos fomentar el odio a los demás quizás
por envidia. Nuestra voluntad es débil y, a la vez, insaciable si no la
controlamos.
La persona que no busca el auxilio divino porque piensa
que se basta a sí mismo, se vuelve autosuficiente. Hay tentaciones de deshonestidad,
de robo, de castidad, que tienen una causa natural, pero luego entra lo
preternatural, si hay consentimiento, entra el demonio a empeorar la situación.
¿Cuál es mi preocupación más grande hoy?
Sostener a mi familia, eso es sano. Pero si mi preocupación es un resentimiento
que alimento, hay allí un amuleto. Para resolver tiene que salir del corazón.
Una persona piensa que es perseguido, despreciado, y
se obsesiona con esa idea que no es real. Todo lo juzga con esa óptica y crea
un estilo de vida. No hay un verdadero dominio interior. Hay algo a lo
que no está renunciando interiormente, entonces no solucionará. Esa persona
necesita eliminar esos amuletos y pedir liberación en el Nombre de Jesús.
Todos tenemos que luchar contra el orgullo para no ser
el centro, porque esa vía no lleva a Dios. La oración nos ayuda a encontrar
cuáles son esos “amuletos”. Es más fácil tirar a la basura un amuleto físico
que quitar el amuleto interior.
Uno de los remedios en la vida espiritual es salir de
sí mismo, preocuparse por los otros; admirar a los otros es un verdadero
exorcismo.
Sustituir esos ídolos interiores por la verdad en una
vida espiritual bien llevada, es el modo en que pierdan su fuerza. Hay que
confiar en la gracia porque en esta vida, todo tiene solución y Dios siempre
está a nuestro favor.

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