El Plan de Dios y las profecías
El Plan de Dios y las profecías
Scott Hahn
San Pedro dice que hacemos bien en prestar atención a los
profetas como a una lámpara que alumbra en la oscuridad (cfr. 2 Pedro 1,
19).
Los profetas fueron enviados por Dios, no sólo para
predecir el futuro, conectando los puntos entre el Antiguo y el Nuevo Testamento,
sino para ayudarnos a regresar al Señor. Ellos son portadores de la Revelación
divina. La omnipotencia de Dios se manifiesta a través de milagros. Nadie
conoce el futuro excepto Dios. Dios es omnipresente y quiso revela un plan a
través de profecías, así como revela su poder a través de los milagros.
El verdadero punto de la historia es el
misterio divino de las palabras salvadoras de Dios y de sus hechos divinos, que
nos revelan un amor superior a nuestras más altas esperanzas y a nuestros
sueños más salvajes. Este elemento del misterio está presente en
el Nuevo Testamento, pero también en el Antiguo.
El primero de los profetas fue Abraham (cfr. Gen 20, 7).
Los profetas cumplen una misión, un encargo. Hablan de Dios para motivar a que
la gente regrese a Dios. El profeta es llamado y es enviado por Dios, recibe
una revelación y está lleno del Espíritu Santo.
¿Quiénes son los profetas? Los profetas ayudan al pueblo a
interpretar la historia para que no se vea como simples hechos, por eso hay una
selección de hechos. Dios tiene un propósito para la Historia y ha revelado un
plan a través de ella; su perspectiva no es parcial, como sería la nuestra. Si se
excluye el 99% de los hechos podemos confiar en que tienen una razón para
hacerlo. No se centran en los faraones sino en los patriarcas, en los que
tienen una semilla divina que traerá el Espíritu Santo y al Santo de Israel a
todas las naciones para traer la salvación, la Historia que se escribe es el
misterio de la salvación. Así que historia y profecía son categorías que se
superponen.
Israel es un pueblo profético. Su
historia es más que simple historia, es profecía, nos transmite tanto la
historia como el misterio. A nosotros ha llegado “la plenitud de los tiempos”.
Todas las profecías, promesas y oráculos se han cumplido con la venida de
Cristo.
Vivimos en el llamado final de los tiempos, la
figura de Cristo es crucial y su venida estuvo tan bien preparada, es profetizada,
y avisa desde el principio proyectando su alargada sombra desde el Génesis. Una
profecía no es sólo una predicción que conecta la línea de puntos entre Miqueas
(s. VIII a.C.) -quien anuncia que el Mesías nacerá en Belén- y Mateo, y así
todo viene a ser un presagio sobre la venida de Cristo. Patriarcas y profetas
tienen la misma fe en la venida de Cristo, como la tenemos nosotros, pero la de
ellos era por anticipación mientras que la nuestra es por realización.
Los milagros señalan a los signos y las profecías serán
oráculos que señalan como la Iglesia Católica es el cuerpo del Nuevo Adán, es
el Nuevo Israel formado por el nuevo Moisés. Es la Jerusalén celestial que
sobrepasa todo lo que Salomón soñó con la construcción del Templo.
Los Salmos de David fueron considerados por los
Padres de la Iglesia primitiva como la mayor expresión de la profecía. En
el libro del Éxodo el pueblo de Israel fue constituido el pueblo de la
Alianza, es decir, la familia nacional de Dios.
Los principales elementos de la profecía son:
1. Prepararse para recibir a Cristo por la obediencia de la
fe.
2. Permitir que el pueblo de Dios se prepare para recibir a
Cristo a través del arrepentimiento y la penitencia.
3. Guardar el Pacto/Alianza. Se invoca el Nombre de Dios en
un juramento; es todo esto y mucho más.
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