Primer Mandamiento

 


Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente (cfr. Deuteronomio 6,5). Jesús coge del Antiguo Testamento el “Shemá”, escucha. Entérate de que Dios te ama, escúchalo.

Para entenderlo bien hay que ponerlo en forma pasiva: Déjate amar por Dios con todo tu corazón, con toda tu alma. Cae en cuenta del amor infinito de Dios por ti. ¿Cómo se le responde al Amor? Con la misma moneda: Amor por amor. ¿Cuál es la medida del amor? Amar sin medida. La iniciativa es de Dios, el hombre responde a esa iniciativa.

Los niños pequeños tienen momentos malos por problemas inexistentes. Le toca dejarse amar. A veces nos pasa lo mismo: sufrimos en vez de dejarnos querer por Dios. Caigamos en cuenta de que el Primer Mandamiento es síntesis y plenitud de toda la ley, es el fundamento de todos los mandamientos. San Agustín escribe: “Ama y haz lo que quieras”, que en ti esté la raíz del amor.

¿Cómo me examino el Primer Mandamiento?

José Ignacio Munilla nos proporciona algunos indicadores. El primer indicador es examinar nuestra jerarquía de valores, ¿Dios ocupa el primer lugar, o hay idolatría? Esa idolatría puede ser el dinero, la fama, la comodidad, el placer, la política. La caridad ordena el resto de los actos.

¿A qué le entrego el corazón? Los apegos son en el fondo idolátricos. La unión con Dios no es negociable, todo lo demás es relativo. Mi relación con Dios no es manipuladora; no se trata de que se haga mi voluntad. No sabemos lo que nos conviene, y a Dios hay que acudir con confianza. Es una alegría hablar con quien amo.

Otro indicador es dar testimonio, no avergonzarnos de nuestra fe en ambientes adversos. Cuando se ama a Dios se desea que todo el mundo le ame, porque es un tesoro. El bien es difusivo. La fe crece confesándola y superando el miedo al ridículo.

Un buen termómetro de si amo a Dios es la confianza. Dios es un Padre que te quiere y que es todopoderoso. Hay personas que tienden al agobio, necesitan confiar en el Protagonista. Para amar más a Dios hay que conocerlo más; el amor y el conocimiento van de la mano.

Hay pecados contra la esperanza. Amar a Dios es esperar en Él y en la vida eterna; la última palabra la tiene Dios y es resurrección. Hay pecados contra la caridad como son la tibieza, la pereza espiritual, es perder el amor primero a Dios. El amor a Dios y el amor al prójimo están unidos. El mejor modo de reparar es amar al prójimo, amar al enemigo, perdonar. “El que odia a alguien no puede amar a nadie”, dice Mons. José Ignacio Munilla. Si no amas a todos no puedes amar a Dios; es imposible amar a Dios sin amar a los hombres. Dios enseña a amar. Jesús es la escuela humana del amor divino y la escuela divina del amor humano. Dios nos ama entrañablemente y nos toca corresponder.

Para profundizar hay que acudir al Catecismo de la Iglesia Católica nn. 2083 al 2141.

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