Un exorcista habla del niño no nacido

 


Habla el PADRE SERGIO, EXORCISTA.

Simplemente comparto mi experiencia. Cuando el exorcista capta que durante el proceso de oraciones aflora una personalidad diferente a la del afectado, pregunta: “¿cómo te llamas?”. Y aquí comienza un pequeño diálogo que puede ayudar en el proceso de liberación.

Fue hace muchos años cuando tuve mi primer encuentro con las almas de los niños no nacidos. Exorcizaba a una persona afectada y noté que emergía alguien de dentro de ella que no era la personalidad del interesado. Cuando pregunté: “¿Cómo te llamas?”. No recibí respuesta. Era alguien mudo, que no podía hablar. “¿No puedes hablar?”, pregunté. Con la cabeza dijo: “no”. Recordé los consejos de mis amigos exorcistas: pregúntale: “¿eres un niño abortado?”. La persona, como dormida, bajó la cabeza en signo de asentimiento. Entonces le dije: “En este momento, en nombre de Jesucristo, te abro la boca”. Inmediatamente comenzó a llorar un niño. Con una voz lastimera y sollozando me dijo: “Mi mamá me mató, ¿por qué no me quisieron?”. Era un dolor tan infinito en el corazón de esa alma que yo me sentí traspasado por su sufrimiento. Es el dolor de alguien que se ha sentido despreciado desde su raíz. Es el sufrimiento de un inocente que experimenta el más terrible de los rechazos, el de su madre. "Mi papá no me quiso", llanto, llanto, llanto.

Es impresionantísimo descubrir que las almas sufren. Que lloran. Que penan. Antes no había comprendido la expresión "almas en pena". Sí, es totalmente cierto. Más allá de nuestros ojos, dentro de nosotros mismos hay un mundo de sufrimientos que no queremos ver, ni reconocer, ni aceptar. Es el sufrimiento de las almas de los muertos. El más noble y desgarrador de esos sufrimientos es el de los niños no nacidos por aborto provocado. Seguí entonces los consejos de mis amigos exorcistas: “bautízalos”. Le dije: “Te voy a bautizar”. Lo bauticé espiritualmente en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Le di un nombre. “Ahora vas a perdonar a tu mamá. Di conmigo: mamacita yo te perdono. El Niño repitió: mamacita, yo te perdono. Papacito yo te perdono”. Y después me dijo: "y al hombre de blanco que me sacó". Después me dijo: “mi cuerpecito está destrozado en la basura. ¡Qué golpe para mi corazón!” El alma se da cuenta de todo. “¡Con el poder de Nuestro Señor Jesucristo yo paso mi mano consagrada sobre tu cuerpecito y lo restauro!”. El niño se sintió feliz. “¡Qué lindo estás! ¡Qué bello te ves!”. “Sí”, me dijo. “Ahora te voy a sacar y a colocar en el pesebre con el Niño Jesús para que juegues con Él”. Hice el gesto de tomarlo y de colocarlo en el pesebre. Segundos después le dije: “¿Estás jugando con el Niño Jesús?”. “Sí”, respondió. Le pregunté: “¿Te quieres ir con la Virgencita y con el Niño Jesús?”. “Sí”, dijo. “Entonces vete con ellos”. Un suspiro salió de la persona y el alma de ese niño abortado se fue con Jesús. El perdón de Dios no tiene fronteras.

Desde entonces he ido descubriendo muchas cosas que antes no sabía. Que muchas almas de niños abortados se quedan en el seno de la madre espiritualmente; que unos están llenos de odio hacia su madre y la torturan desde dentro y desean matarla. Que otros no, son como corderitos sacrificados, silenciosos, llenos de dolor. Y allí están. He encontrados almas de niños en el seno de mujeres que utilizaban anticonceptivos y fueron matados por los químicos. Abortos desconocidos por la misma madre. Además de oír llorar a los niños he oído llorar a las almas de los doctores y enfermeras que han cometido abortos.

Yo digo a las mujeres: “NO ABORTEN, POR LO QUE MÁS QUIERAN NO ABORTEN”. A los médicos y enfermeras les digo tengan compasión de sus propias almas, NO HAGAN ABORTOS. A las mujeres NO TOMEN ANTICONCEPTIVOS. Son abortivos. Usen los medios naturales para regular la natalidad.

A los que promueven el aborto les digo TENGAN MISERICORDIA DE USTEDES MISMOS. Créanme después de la muerte TODO SE PAGA. Y ese Dios que es infinitamente misericordioso es infinitamente justo. No vayan a estar en las sombras de la muerte hasta el fin del mundo. El que aborta a un niño ODIA A DIOS y se convierte en instrumento de Satanás, dios de la muerte. Para los abortistas, los que hacen y promueven el aborto lo que siento en un "terrible horror". Me dan miedo, pobrecitos, pobrecitos, pobrecitos, ¡lo que les espera después de la muerte! Respecto del Sacerdocio, al contacto con esta tremenda realidad de las almas, cada día lo siento y lo veo más grandioso. Qué cosa más gigantesca es ser sacerdote. Vale la pena cualquier sacrificio para ser Sacerdote y vivir el sacerdocio hasta las últimas consecuencias.


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