Dios pide una fe verdadera

 


Una fe viva, verdadera, vivida hora tras hora en una ofrenda continua, haría inflamar un incendio purificador en toda la Iglesia; sería capaz de aplacar la divina Justicia y detener la hemorragia de almas encaminadas a la perdición eterna. Pero vivir de fe no es fácil, por eso dice el Papa Benedicto XVI: «La escuela de la fe no es una marcha triunfal, sino un camino salpicado de sufrimientos y de amor, de pruebas y fidelidad que hay que renovar todos los días». «Pedro, que había prometido fe absoluta, experimenta la amargura y la humillación del que reniega: el orgulloso aprende, a costa suya, la humildad», indicó el Papa, mostrando la clave que hizo de Pedro un apóstol. (Audiencia 24 mayo 2006).

¿No ha dicho claramente Jesús: "quien quiera venir en pos de mí tome su cruz y niéguese a sí mismo”? Aquí está la clave y la solución de todos los problemas originados por la crisis de fe. Esto contrasta con la vida que se lleva y se quiere llevar: cine, televisión, automóvil sin a veces justificación alguna que lo excuse, dinamismo febril pero improductivo, poca disponibilidad y propensión para la oración.  De aquí el paso a la rebelión interior y exterior es breve.

Las obras que dan alegría son las obras de fe, esperanza y caridad, dones derramados por el Padre celestial en nosotros. Son estas virtudes las que hacen posible el despliegue del germen de vida sobrenatural recibido en el Bautismo. En la vida cristiana, la fe proporciona sobre todo un pleno conocimiento de la voluntad de Dos, de modo que se siga una conducta digna de Dios, agradándole en todo, produciendo frutos de toda especie de obras buenas y adelantando en conocimiento de Dios (cfr. Gaudium et spes, n. 11).

Jesús nos ha mandado subir a la barca, Él quiere que lleguemos a la otra orilla. Tener fe es confiar en que Él es el protagonista. Cuando somos jóvenes hacemos todo con mucha ilusión, luego nos damos cuenta que Dios lo hace casi todo... Hacemos aquello porque sabemos que es Voluntad de Dios. Cuanto más difícil parezca la situación, más estoy avanzando. Dios nos quiere fieles, obedientes, remando. Estamos metidos en esta pesca por voluntad de Dios; no la hemos elegido nosotros. Y así nos sentimos instrumentos felicísimos.

Una fe fuerte requiere horas de oración y de estudio. Ratzinger nos dijo: “La razón no se salvaría sin la fe, pero la fe sin la razón no sería humana”.


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