Comuniones espirituales
copa de oro o plata
Las Comuniones
espirituales son un buen modo de prepararse para el encuentro sacramental con
Cristo en cada jornada. ¡Qué fuente de
gracias es la Comunión espiritual! -Practícala frecuentemente y tendrás más
presencia de Dios y más unión con El en las obras (Camino, n.
540). Cuando yo comulgo, nutro mi alma y a las almas.
La comunión
espiritual consiste en un deseo intenso de que Jesucristo venga a nuestro
corazón. La comunión espiritual es una forma de preparar la comunión,
manifestándole al Señor los deseos que tenemos de recibirle bien. La comunión
también se puede preparar con actos de fe, esperanza y caridad, y, sobre todo,
con el deseo de que el Señor venga a nuestra casa, a nuestra alma. Una
mamá le decía a su hija una Oración: “Hostia
pura, hostia santa, hostia inmaculada, sé siempre bendita y alabada”.
Para explicar la importancia de las comuniones
espirituales, un profesor explicaba que Dios guarda en un copón de oro las
comuniones sacramentales, y en un copón de plata, las espirituales.
Benedicto XVI escribió en La Luz del mundo: En
la eucaristía Cristo está realmente presente, es el punto que pivota toda
renovación. Sólo a partir de su espíritu son posibles las revoluciones
espirituales. No es sólo el acontecimiento de un día, sino de la historia
universal en su conjunto, como fuerza decisiva de la que después pueden
provenir cambios.
La Comunión espiritual
expresa con mil matices nuestra fe y nuestro amor, la esperanza y el desagravio
por las veces en que quizá hemos recibido al Señor con frialdad o negligencia,
por los que comulgan sacrílegamente, por cuantos ignoran u olvidan a Cristo en
el Sacramento del Altar. También
es otra forma de estar más cerca de nuestro Señor, cuando no podemos comulgar
por cualquier motivo.
Hay muchas fórmulas de hacer la comunión espiritual, propongamos dos. “Yo quisiera Señor, recibirte, con aquella
pureza, humildad y devoción con que te recibió tu Santísima Madre, con el
espíritu y fervor de los santos”. O bien: “Jesús mío: creo firmemente que estas en el Santísimo
Sacramento del altar. Te adoro sobre todas las cosas. Te amo con todo mi corazón.

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