Al grano de Magnífica Humanidad

 


Vamos al grano en la nueva encíclica


Esta es la primera encíclica no escrita en latín. El título ya es significativo, la magnífica humanidad. La encíclica afecta a la misma comprensión del ser humano. León XIV muestra el nuevo rostro del poder tecnológico.

Se trata de responder al gran desafío de nuestro tiempo: la digitalización, la inteligencia artificial (IA), la robótica, el poder de los algoritmos y la tentación transhumanista. Pretende colocar a la Iglesia frente a una nueva Revolución Industrial quizás más profunda que la de los tiempos de León XIII.

El Papa plantea que hombre no es una máquina, un engranaje, un dato o un producto, no es una pieza sustituible dentro del engranaje tecnológico. El hombre es criatura de Dios, imagen de Dios, está llamado a la comunión con Dios. La encíclica pone sobre la mesa uno de los peligros de nuestro tiempo: un mundo con más poder que nunca, pero con menos sabiduría que nunca.

La humanidad está entre dos caminos, o construye una Torre de Babel, símbolo de la autosuficiencia humana, o reconstruye Jerusalén, símbolo de una ciudad edificada en comunión, con Dios en el centro. La encíclica aplica estas dos imágenes bíblicas a la era de la IA. No se trata de decir sí o no a la tecnología sino de decidir qué espíritu va a gobernarla.

En el Parágrafo 85 el Papa habla de las innovaciones tecnológicas, incluida la inteligencia artificial (IA), esas innovaciones no son neutrales, pueden ayudar a la justicia o ayudar a la exclusión. La pregunta decisiva es “¿quién la controla con qué visión del hombre y con qué fines?”. El futuro de millones de personas puede dependen de instituciones y sistemas algorítmicos que nadie ha elegido democráticamente ((SI SE REPITE QUITAR)).

Vivimos en una sociedad donde casi todo deja rastro. Los algoritmos pueden ser instrumentos de manipulación, amenazan nuestra libertad, pueden condicionar nuestros deseos, dirigir nuestra atención y moldear su imaginario.

Luego hay dos corrientes muy actuales: El transhumanismo quiere potenciar al ser humano mediante biotecnología, dispositivos e ingeniería del cuerpo. El poshumanismo va más allá, imagina una época en que la que el hombre se hibrida con la máquina, con sistemas artificiales. Estas corrientes empiezan a influir en decisiones políticas y económicas.

El cristianismo no se opone a la ciencia ni a la técnica, el problema aparece cuando la técnica deja de ser instrumento y se presenta como salvación.

Lo cierto es que la vulnerabilidad es parte de la condición humana. León XIV acierta al decir que el hombre no florece a pesar del límite sino muchas veces a través del límite. La Cruz no es accidente de la vida cristiana. El sufrimiento, cuando se une a Cristo puede convertirse en camino de purificación y de amor.

Todo hombre ha de tratarse como fin, no como medio; tiene una dignidad altísima, tiene un alma espiritual, a pesar de estar herido por el pecado. Cristo vino a salvar a la humanidad. Cristo no es sólo el Hombre perfecto, es Dios verdadero y Hombre verdadero, que se encarnó para salvar al hombre y abrirle la posibilidad de llegar al cielo. El hombre necesita convertirse, necesita la gracia. El hombre es una criatura caída que necesita redención.

En el Parágrafo 134, el Papa advierte que, cuando la pregunta de lo que es verdadero pierde interés, la vida democrática se debilita.

Los bienes de la tierra están destinados al bien de todos, pero el Estado no debe tener el control supremo, sino que hay familias y cuerpos intermedios que pueden también participar en esa regulación.

La guerra moderna plantea peligros terribles, la militarización y el desarrollo de armas con IA puede no tener límites claros. La paz no puede ser sólo ausencia de conflicto, debe llamar al perdón, al diálogo y a la diplomacia. Hay que distinguir entre agresión injusta y legítima defensa.

Hay que leer la encíclica con discernimiento. Hay elementos muy valiosos como el reconocimiento de la idolatría tecnológica, pero hace falta iluminar la dignidad humana con la gracia, la redención y el respeto mutuo. No basta un humanismo amable, sino que hay que reconocer que Jesús es el redentor y la humanidad no puede salvarse a sí misma sin Dios.

Babel se vence cuando el hombre se arrodilla ante Dios, cuando Cristo no es reducido a símbolo sino proclamado como Señor.

La humanidad no necesita ser más poderosa, necesita ser más santa, no necesita fusionarse con la máquina, necesita volver a Dios y esa es la gran batalla de nuestro tiempo, necesita saber si conservaremos la inteligencia espiritual para saber que toda torre humana, por brillante, que parezca terminará derrumbándose.

Este es un resumen de lo expuesto en una mesa redonda. https://youtu.be/aOYiCYOtcbU

 

 


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