Lo que Jesús mostró a un sacerdote (11-VI-2026)

 


Jesús me mostró esta visión porque sabe que alguien tiene que decirlas. Fue una advertencia para nuestra época (14 de octubre de 2025).

Yo estaba en oración y sentí que mi alma fue arrancada con violencia y lanzada hacia abajo, y entonces vi, el infierno. Hay un fuego que quema el alma, no el cuerpo, ilumina y no consume. Lo peor es la desesperación eterna. Hay almas que dijeron “no” a Dios por su obstinación en el pecado. Cada alma sabe que eligió estar allí, no con palabras, con sus decisiones.

Vi a un hombre había decidido que no iba a dejar un pecado, no lo decía en la confesión, al morir eligió el pecado sobre Dios, por orgullo, y cayó en la condenación eterna. Es la realidad de la libertad.

Jesús me mostró que las almas se condenan en nuestra época por su indiferencia, por apatía espiritual. No rechaza a Dios, simplemente lo ignora. Muchos católicos viven sin pensar en la eternidad, esa indiferencia es una elección. Hay quienes creen que Dios es tan bueno que nadie se condena, que basta con lo mínimo, es un engaño. Lo más escalofriante es ver cómo el demonio se regodea con la indiferencia. Al demonio le basta ver a la gente entretenida con el ruido. Hay quienes pasan el tiempo en su teléfono sin rezar, se divierten sin pensar. Las almas que se pierden más por su indiferencia que por otros pecados graves conscientes. En medio de mi horror sentí la presencia de Jesús.

Jesús me mostró lo que pasa ahora mismo en el mundo, en la Iglesia, entre los católicos, y es tan grave que me cuesta dormir. Reza ahora mismo, aunque sea un Avemaría, pídele que te proteja de la indiferencia.

Jesús me mostró que llora por la Iglesia, por la tibieza de sus hijos, por la traición de quienes están dentro. En la Misa hay gente sin reverencia, Jesús está ausente en los corazones de los asistentes. Con ojos espirituales veo lo que pasa en el interior de cada alma, almas negras de pecado mortal acercarse a comulgar como si nada, llenas de rencor, de envidia, de lujuria. Vi comuniones sacrílegas, es una nueva llaga en su Cuerpo místico. Vi sacerdotes celebrar Misa cuando pensaban en otras cosas, vi homilías entretenidas, pero que no convertían. Vi a Jesús llorar con dolor porque se acercan a él sin fe, sin arrepentimiento. Me mostró el estado espiritual de las almas, del mundo católico. La inmensa mayoría de los bautizados viven en estado de pecado mortal o en tibieza espiritual grave. La Iglesia en muchos lugares silencia esta verdad. Se predica un Evangelio sin Cruz y una salvación automática. Los pastores que no advierten del peligro, van a dar cuenta de cada alma a su cargo. Hay necesidad urgente de la confesión.

El enemigo adormece a las almas. Hay seminarios que forman a los seminaristas sin hablar de santidad. Se ordenan a hombres que no creen en la presencia real de Jesús en la Eucaristía. La minoría fiel sufre, es considerada “extremista”. Jesús me mostro esto con lágrimas. Se ha construido una imagen falsa de Dios, no es el Dios de la Biblia, es un ídolo creado para adormecer a las almas. Si hay conversión se puede atenuar la purificación. Hay verdaderos sacerdotes, pero son minoría.

El tiempo es mucho más corto de lo que crees. Lo comparto porque las almas están en juego. Jesús me mostró un futuro inmediato. Lo que viene si la Iglesia no despierta de su letargo. Vi la historia humana como una línea que se desenvolvía ante mis ojos. Vi el pasado, el presente y el futuro, y allí, vi un punto de inflexión. Estamos viviendo una encrucijada espiritual sin precedentes. Si continúa la tibieza, si la gente deja de rezar, veremos parroquias sin sacerdotes, iglesias convertidas en museos; vi leyes que obligaban a obedecer a Dios o al Estado, vi una oscuridad generalizada. Vi la Iglesia vaciada, no desde fuera, sino desde dentro. Vi sociedades descristianizadas. Vi familias destruidas, a niños corrompidos. Vi almas caer en el infierno como copos de nieve que caen. La mayoría no saben que están en peligro porque los pastores no lo advierten. Dios no va a hacer milagros donde no hay fe. Va a actuar a través de los que se dejen usar. Hay que vivir la fe con autenticidad, las familias deben rezar juntas. La purificación puede ser leve o fuerte. La Iglesia, será renovada, más pequeña pero más santa, vi un nuevo Pentecostés, vi una primavera espiritual que nace de las cenizas del invierno después de la purificación.

Jesús me mostró el papel crucial de la Virgen María. La devoción a María es una necesidad urgente. La Consagración a ella es la protección más segura. El Rosario y la conversión son la respuesta. No hay atajos. El tiempo es breve, corto. Hay urgencia porque el reloj camina, está cerca de la media noche y sé que no estamos preparados.

Todos tenemos una responsabilidad y no podemos ignorarla. Al que mucho se le da mucho se le exigirá. Hay quienes escuchan la verdad y no actúan. No debes vivir con tibieza porque sabes que se avecina una tribulación. Que tu confesión sea de toda tu vida si has pasado años sin confesarte, cada pecado grave, cada vez que rechazaste la gracia, examínate bien, quita las cadenas que el demonio te ha puesto, y que se rompen en el confesonario, no dejes todo para “después”. No basta con ir a la Misa dominical mientras tu mente está en otro lado, es el momento más sagrado de la semana, llega temprano. Agradece después. Si no estás en gracia, no comulgues. Reza el Rosario diario, no es negociable, especialmente en familia, es la protección contra el mal, si vives solo, reza solo. Conversión de vida: no puedes servir a Dios y al mundo, necesitas un cambio radical. Deja adicciones, amistades peligrosas, pecados. No puedes ser ateo práctico durante la semana. El silencio ante la verdad no es opción, es complicidad. Dios aborrece a los tibios, los vomita de su boca, como dice el Apocalipsis. La tibieza es el peor mal de nuestro tiempo, ni siquiera se da cuenta de que está enfermo. La cura es la oración perseverante.

El amor de Dios es exigente, llama a la santidad, no tolera la mediocridad. Todo encuentra su sentido en la misericordia de Dios, el Corazón de Jesús arde de amor. Es un amor intenso, incondicional, inagotable, infinito, es el amor de Dios por ti. Y ese Corazón está herido por cada alma que lo rechaza, que se condena, es un dolor. La infinita misericordia de Dios espera, busca, llama, suplica a cada alma que vuelva a Él. No hay caída tan profunda de la que su mano no pueda rescatarte, no hay rincón donde su luz no pueda penetrar. Por avergonzado que estés, Él te espera. Después de la muerte viene la justicia de Dios. En el momento de la muerte Dios concede una gracia final, un instante de claridad que determina la eternidad, para decir sí o no. La misericordia puede alcanzar incluso al último segundo, pero si el corazón se endurece y hay obstinación, se petrifica el corazón. Con el hábito del pecado ya no pudieron elegir a Dios, ellas ya no querían volver a Dios y ser salvadas. El pecado te quita la capacidad de elegir el bien. Por eso la conversión no puede esperar.

Jesús envía un mensaje personal: Dile que los amo con un amor eterno, que ardo en deseos de perdonarlo, diles que los espero en el confesonario, en la eucaristía, en la oración. Diles que el tiempo es corto, que se conviertan hoy no mañana. Lo que decidas marca tu eternidad. De aquí pasamos a la vida eterna. Jesús vive, el infierno es real, el cielo es real, el purgatorio es real. El Cielo un segundo, un destello sólo, es tan infinitamente hermoso que cualquier sufrimiento de esta vida vale la pena.


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