Príncipe saudí vio a un hombre de blanco

 


Tengo 27 años, nací en Riad, Arabia Saudita. Mi padre es el 2º del trono. Aprendí inglés, francés y mandarin. En mi país nació el Islam. Nací con 50 sirvientes. Fui preparado para gobernar. Lo más importante era ser devoto del Islam. Mi padre dijo que Alá veía todo, así que había que obedecer. Así viví 27 años.

En 2019, cuando tenía 24 años, mi padre me envió a estudiar a Inglaterra política y cultura occidental. En el Islam nadie cuestiona nada. Me habían enseñado que sin el Islam la gente se corrompía, pero vi que no era así. Vi que allí todos cuestionaban todo. Al principio me molestó, luego ya no. Tomás estudiaba Filosofía y pensaba a fondo todo. Este amigo me dijo sin orgullo: “¿Por qué a Dios le va a interesar hacia qué dirección rezas?”, era Tomás, quien luego me invitó al funeral de su abuela, fui. Cantaban con paz. Vi que era diferente la predicación, Jesús ofrecía el cielo sin ganarlo, sólo se pedía fe. Tomás me preguntó qué me había parecido el funeral, le dije que en el Islam tienes que ganar las cosas. Tomás dijo que Jesús hizo todo lo difícil y nos dejó todo casi resuelto. Cuando regresé a mi casa pensé lo que había oído. Compré una biblia lo que me confundió aún más. Mi identidad estaba en el Islam, donde se decía que Jesús era un profeta y que no había muerto crucificado. ¿Por qué mi corazón era llamado por Jesús? No lo entendí. Terminé mis estudios del semestre y regresé por dos meses a Riad.

Estábamos en la mesa, con platos de oro, copas, sirvientes… Mi padre me preguntó por los estudios. No quería hablar mucho, así que me retiré pronto. Mi habitación era más grande que la casa de muchos. Salí al balcón, era de noche. Me vi rezando a Jesús, le dije que no sabía si era real. Me fui a dormir a medianoche porque no podía dormir, en eso vi a un hombre que ocupaba todo el espacio con su luz. Yo no tenía miedo. Le pregunté quién era. Me dijo: “Soy a quien llamaste esta noche”. ¡Esto era imposible! Era más real de lo que podía imaginar. Se sentó en la esquina de la cama. Yo estaba en la presencia de algo divino. Dijo que me esperaba desde hace meses. La pregunté si era un sueño. Sacó la mano y la vi. Era lo más real de lo que he visto. En él todo era amor. Empezó a enseñarme visiones, me mostró mi vida, todos los actos de devoción. En cada momento me miraba con amor, siempre que sentía paz era él quien me la daba. Me enseñó su muerte en la cruz. Me dijo por qué lo hizo, por mis pecados, mis mentiras. Empecé a llorar. Finalmente entendí que me amaba tanto no porque memoricé el Corán, sino simplemente porque era yo, me limpió las lágrimas. Explicó que sólo tenía que aceptarlo, que dejar el palacio, podía incluso morir, pero nunca me dejaría. Todo parecía claro. Eso sucedió en mi habitación a las 3 AM. Le dije que quería seguirlo, entonces puso su mano en mi cabeza. Me sentí nuevo, limpio. Jesús me dijo que él se guiaría, que sufriría, que impulsaría a muchos musulmanes a seguirlo. Me dijo que lo vería de nuevo. Se fue. No caminando, simplemente se fue, desapareció.

¡Conocí a Jesús! Mi vida nunca sería la misma. Aun podía sentir su calor. Mi puerta estaba cerrada con llave. No dormí. Le pedí ayuda para lo que vendría. Me tocaron la puerta a las 6 AM para orar, dije que estaba enfermo. Mi padre vino a las 8. Dijo que yo nunca había faltado a la oración, que esto era serio. Lo oí gritando. Los sirvientes fueron cuestionados. Checaron cada cajón. Revisaron todo el palacio. Mi padre mandó traer a dos imanes. Ellos dijeron que podía ser un ángel de Alá. Les expliqué algo, no todo, que el hombre me dijo que no siguiera la religión ciegamente. Mi padre tenía miedo. En realidad, estaba bajo arresto en mi habitación. Me hicieron exorcismos. Otros días, a las 3 AM Jesús volvía a visitarme, sus visitas eran cortas, pero contundentes e infundían valor. Le pregunté si debía decirlo todo. Dijo que pronto tendría que dar testimonio, pero aún no.

Algunos me comentaron que había algo diferente en mi espíritu, dijeron que en mis ojos había una luz que antes no estaba.

Como yo había dicho que alguien me había visitado, revisaron las cámaras. Se veían mis movimientos en ellas, pero las cámaras no captaron a Jesús. Mi cuarto era vigilado las 24 horas. Mi padre me mandó hacer exámenes psiquiátricos.

Un día mi padre me llamó a su oficina. Estudió mi cara antes de hablar. Me dijo que esa visión podía ser un castigo por un pecado oculto. Me indicó que tenía que ir a un lugar en el desierto por 40 días, ayunar. Se fue conmigo un preceptor Ibrahim, para restaurar mi fe. No había distracciones, nada de contacto exterior. No había confort. Empecé a adelgazar. Había una batalla interior fuerte con el preceptor. Incluso en la soledad del desierto Jesús se dejó ver. Me dijo que el tiempo para dar testimonio se acercaba, que estaba haciéndolo bien. “Ya ganamos la batalla”, dijo.

Un muchacho de mi edad, Hasam, se acercó con cautela a mí y dijo que algo en mis ojos le pedía hablar conmigo. Le conté todo. Me dijo que había soñado tres veces con un hombre de blanco, quien le dijo que habría alguien que le enseñaría-. Jesús lo tocó. Fuimos hermanos en Cristo. Nos juntábamos en la noche a leer la Biblia. Cuando terminaron los 40 días, dijeron que había sido restaurado. Mi padre lo celebró con una comida. Yo lo agradecí. Esperaba el momento en que debía hablar. En eso sucedió algo inesperado: La Universidad de Oxford en Londres me invitaba a dar una conferencia. Mi padre se sintió orgulloso. Pensé: “Este es el momento en que debo hablar”. Me preparé por dos semanas. Mi padre me mandó un experto para preparar mi speech. El último día Jesús me dijo que al día siguiente sería el más difícil de mi vida. Dijo que mi vida podría estar en peligro, pero mi vida eterna estaba asegurada.

Mi familia pensaba que iba a dar un discurso modelo de la fe en Arabia Saudita, de defensa del Islam, del perfecto musulmán. Llegué a la universidad. 800 personas estaban en el auditorio. Llegué y hablé: Se supone que debía hablarles de la belleza del Islam, pero más bien describí a Jesús, su autoridad, gracia y amor que prometió. El Islam me enseñó a temer a Alá, pero Jesús enseña a perdonar, a ser valiente y a amar sin condiciones. Seguí hablando. Les invité a rezar a Jesús. Cuando terminé había silencio, unos aplaudían otros lloraban.

Los embajadores de Arabia Saudita estaban aterrorizados. Yo invitaba a los musulmanes a conocer a Jesús. Unos gritaban, otros lloraban. Dijeron que me declararían apóstata.

Al terminar la conferencia me llevaron a un lugar privado. Mi padre llamó. Debía regresar de inmediato. Las autoridades dijeron que debían revisar mi caso. Los tres meses siguientes fueron terribles. Muchos musulmanes pedían mi muerte, me llamaban traidor, otros me apoyaban. Yo sentía la presencia de Jesús constantemente. Fui bautizado en febrero 2021, ante la presencia de poco musulmanes. Cuando salí del Bautismo me sentí limpio, amado, aceptado

En 2022 conocí a Rebeca. Nos casamos en 2023 con cien invitados. Ahora vivo en Manchester. Nunca podré regresar a casa.

Luego conocí a un grupo de musulmanes que anhelaban conocer a Jesús. Algunos han tenido sus visiones o sueños y han seguido a Jesús, cada uno perdió algo o mucho. Hasam vino de Arabia Saudita y se unió a mi grupo. Sólo sé decir que Jesús cumplió sus promesas.

 

FUENTE: Saudi Prince saw a man in White, https://youtu.be/JeRzd4orN48

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