Signos de los tiempos

 


Los signos de los tiempos son procesos históricos generalizados que anticipan tiempos mejores e implican un consenso colectivo. Es un lugar teológico, un espacio donde Dios actúa y se revela al hombre. Nosotros ya reconocemos en Jesús al Mesías, pero tenemos que reconocer su presencia en tantos signos de los tiempos y en tantas personas y acontecimientos que nos rodean, y que, con la vista de la fe, deben ser para nosotros otras tantas voces de Dios.

Es deber de la Iglesia escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de modo que podamos responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y futura. Es necesario por ello, conocer y comprender el mundo en que vivimos (cfr. Gaudium et spes, 4).

Discernir los signos de los tiempos es lo que Jesús pide a los hombres de todos los tiempos. Debemos conocer el momento histórico en que nos encontramos, de “reconocer” la acción de Dios en los diversos momentos de nuestra vida para participar de esa acción de Dios que acontece cada día, a fin de “revelarlo” a quienes no lo conocen ni le aman, a quienes lo ignoran o lo han descartado. ¿Tenemos una visión cristiana de la historia? Podemos ver en todo una ocasión de crecimiento de nuestra fe.

Estamos en un cambio de época a nivel de Iglesia y a nivel mundial. Ya no hay una base cristiana en algunas sociedades, los esquemas son cada vez menos cristianos en cuanto a la vida, la ideología de género se expande dentro y fuera de las escuelas, en suma, estamos en una sociedad cada vez más paganizada. Nuestra vida va a chocar con el ambiente como les pasó a los primeros cristianos. Por eso es importante ir profundizando en nuestra identidad.

Los signos de los tiempos nos hacen ver, en las últimas generaciones, un colapso del mundo cristiano. Vemos millones de bautizados que se han alejado de las iglesias, ya no tienen conexión con Dios y con lo sagrado. Vemos una sociedad hostil, que margina a Dios. Esa ausencia deja un vacío espiritual presente en la sociedad actual. La gente está desesperada por llenar ese vacío y acuden a cualquier cosa: a la búsqueda del placer o al esoterismo. Hay una “cultura del narcisismo” donde se persigue el yo por encima de todo. La gente busca algo desesperadamente. Si todos persiguen el yo hay poco espacio para el amor y para el sacrificio. Desde hace generaciones hay desintegración del matrimonio y de la familia lo que hace a las personas como huérfanos espirituales. El huérfano no sabe adónde pertenece, no saben de qué se trata la vida y desconocen el amor auténtico.

Nuestra cultura tiene un nuevo gnosticismo, que enseña que la salvación viene del conocimiento especial y secreto. Nuestra cultura tiene elementos gnósticos, y hay afán de ver al cuerpo como manipulable, es decir, se puede remodelar, puedes darle forma a voluntad.

Un mundo que rechaza a Dios y su plan para el florecimiento humano deja muchas víctimas. Dios interviene en nuestras vidas y sana a todos los niveles, si nos dejamos. Mucha gente no sabe lo que es un ser humano saludable, ni siquiera sabe qué significa ser un ser humano. Podemos ser tocados por Dios porque así nos enseñó Él, lo que requiere apertura a lo divino.

En latín la palabra salus significa salud y salvación. Estas dos palabras están relacionadas. Sanación en español tiene que ver con la santidad; lo mismo ocurre en otros idiomas. Ser sano es ser santo. Ser amado y amar como Dios ama es santidad, y el mundo no lo sabe, por ello muchos corren hacia el precipicio.

Esta sanación se tiene olvidada desde hace cientos de años. Dios quiere que seamos conductos de sanación. Naamán era un militar de alto cargo en Siria; el sirio fue curado de su lepra por Eliseo sumergiéndose siete veces en el río Jordán (2 Reyes 5, 1-14).

Los hechos apocalípticos se sucederán en cascada. Nos hablarán de extraterrestres, cuando en realidad será tecnología humana, que va con una década de adelanto de lo que conocemos. Se va a tratar de destruir el sistema vigente para imponer otro, el del Nuevo Orden Mundial, en todos los órdenes: económico, político, social y religioso. Lo mejor que podemos hacer es confiar en Dios, estar en estado de gracia y rezar.

FIN


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