Alegría
Los grandes pensadores a menudo se han preocupado por transmitirnos algunas de sus ideas sobre la alegría. Cicerón escribió en el año
La alegría auténtica nace de la certeza de sabernos siempre
infinitamente amados por Dios, que nos prepara una gran fiesta, la profunda
alegría del arrepentimiento (cfr. Carta 14-II-1974 n. 17 Fernando 14 junio
2019).
La alegría es uno de los más poderosos
aliados que tenemos para alcanzar la victoria (1 Marcos, 3, 2). Este gran bien sólo
lo perdemos por el alejamiento de Dios (el pecado, la tibieza, el egoísmo de
pensar en nosotros mismos), o cuando no aceptamos
El Papa
Francisco recomienda: “Confiemos en la paciencia de Dios que siempre nos
concede tiempo; tengamos el valor de volver a su casa; de habitar en las
heridas de su amor dejando que Él nos ame, de encontrar su misericordia
en los Sacramentos”.
Unas de las máximas del Padre Pío dicen: "Lo importante es caminar con sencillez ante
el Señor. No pidas cuenta a Dios, ni le digas jamás: ¿Por qué? Aunque te
haga pasar por el desierto. Una sola cosa es necesaria: Estar cerca de Jesús.
Si nos cita en la noche no rehusemos las tinieblas." Luego dice: “Por muy
altas que sean las olas, el Señor es más alto. ¡Espera!... la calma volverá.”
“Las pruebas a las que Dios os somete y os someterá,
todas son signos del amor Divino y Perlas para el alma.” “Nuestro Señor, en cuanto considera nuestra
alma lo bastante viril, lo bastante entregada a su servicio, se apresura
quitarle las dulzuras de antaño. Llega hasta quitarle la facultad de orar, de
meditar, es el abismo en las tinieblas y la aridez. Esta mudanza aterra (...)”.
“Amarás al Señor tu Dios…”, quiere decir que fuimos creados para la
alegría, una alegría en medio de dificultades, pues la vida es superar
obstáculos.
Señor: Tú quieres que estemos contentos. Razones para quejarse hay
abundantes, pero como cristianos tenemos una razón para estar contentos: que
Dios está con nosotros. “Alegraos en el Señor”, dice San Pablo, “alegraos”. La
alegría es el factor que integra lo demás.
Hay tristeza en el que tiene avaricia o envidia, sin alegría no se puede
vivir. Cuando nos entregamos a los demás, hay alegría. Un testimonio dado con
amargura, no sirve. Un escritor francés escribió: "El amor
es lo único que crece cuando se reparte" (Antoine de Saint-Exupery).
Un dramaturgo español de la Generación del 27 dice: “Llorar,
sí; pero llorar de pie, trabajando; vale más sembrar una cosecha que llorar por
la que se perdió" (Alejandro Casona).
Benedicto XVI dijo, hablando de Juan Bautista, el 8 de diciembre del
2007: A través del Evangelio, Juan Bautista sigue hablando a través de los
siglos a toda generación. Sus palabras duras y claras resultan particularmente
saludables para nosotros (…). La «voz» del gran profeta nos pide que preparemos
el camino al Señor que viene, en los desiertos de hoy, desiertos exteriores e
interiores, sedientos del agua viva que es Cristo. Que
La Virgen vivió la alegría más grande que puede vivir una criatura; ella
nos guiará a la intimidad con su Hijo.
Los grandes pensadores a menudo se han preocupado por transmitirnos algunas
de sus ideas sobre la alegría. Cicerón escribió en el año
La alegría auténtica nace de la certeza de sabernos siempre
infinitamente amados por Dios, que nos prepara una gran fiesta, la profunda
alegría del arrepentimiento (cfr. Carta 14-II-1974 n. 17 Fernando 14 junio
2019).
La alegría es uno de los más poderosos
aliados que tenemos para alcanzar la victoria (1 Marcos, 3, 2). Este gran bien sólo
lo perdemos por el alejamiento de Dios (el pecado, la tibieza, el egoísmo de
pensar en nosotros mismos), o cuando no aceptamos
El Papa
Francisco recomienda: “Confiemos en la paciencia de Dios que siempre nos
concede tiempo; tengamos el valor de volver a su casa; de habitar en las
heridas de su amor dejando que Él nos ame, de encontrar su misericordia
en los Sacramentos”.
Unas de las máximas del Padre Pío dicen: "Lo importante es caminar con sencillez ante
el Señor. No pidas cuenta a Dios, ni le digas jamás: ¿Por qué? Aunque te
haga pasar por el desierto. Una sola cosa es necesaria: Estar cerca de Jesús.
Si nos cita en la noche no rehusemos las tinieblas." Luego dice: “Por muy
altas que sean las olas, el Señor es más alto. ¡Espera!... la calma volverá.”
“Las pruebas a las que Dios os somete y os someterá,
todas son signos del amor Divino y Perlas para el alma.” “Nuestro Señor, en cuanto considera nuestra
alma lo bastante viril, lo bastante entregada a su servicio, se apresura
quitarle las dulzuras de antaño. Llega hasta quitarle la facultad de orar, de
meditar, es el abismo en las tinieblas y la aridez. Esta mudanza aterra (...)”.
“Amarás al Señor tu Dios…”, quiere decir que fuimos creados para la
alegría, una alegría en medio de dificultades, pues la vida es superar
obstáculos.
Señor: Tú quieres que estemos contentos. Razones para quejarse hay
abundantes, pero como cristianos tenemos una razón para estar contentos: que
Dios está con nosotros. “Alegraos en el Señor”, dice San Pablo, “alegraos”. La
alegría es el factor que integra lo demás.
Hay tristeza en el que tiene avaricia o envidia, sin alegría no se puede
vivir. Cuando nos entregamos a los demás, hay alegría. Un testimonio dado con
amargura, no sirve. Un escritor francés escribió: "El amor
es lo único que crece cuando se reparte" (Antoine de Saint-Exupery).
Un dramaturgo español de la Generación del 27 dice: “Llorar,
sí; pero llorar de pie, trabajando; vale más sembrar una cosecha que llorar por
la que se perdió" (Alejandro Casona).
Benedicto XVI dijo, hablando de Juan Bautista, el 8 de diciembre del
2007: A través del Evangelio, Juan Bautista sigue hablando a través de los
siglos a toda generación. Sus palabras duras y claras resultan particularmente
saludables para nosotros (…). La «voz» del gran profeta nos pide que preparemos
el camino al Señor que viene, en los desiertos de hoy, desiertos exteriores e
interiores, sedientos del agua viva que es Cristo. Que
La Virgen vivió la alegría más grande que puede vivir una criatura; ella
nos guiará a la intimidad con su Hijo.

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