Alegría


 Los grandes pensadores a menudo se han preocupado por transmitirnos algunas de sus ideas sobre la alegría. Cicerón escribió en el año 45 a.C.: “Nadie envejece sólo por vivir un número de años; la gente envejece al abandonar sus ideales; los años arrugan el rostro, pero perder el entusiasmo arruga el alma. En el siglo XXI Stephan Covey dice algo parecido: “El 10% de la vida está relacionada con lo que te pasa; el 90%, con la forma en como reaccionas”.

La alegría auténtica nace de la certeza de sabernos siempre infinitamente amados por Dios, que nos prepara una gran fiesta, la profunda alegría del arrepentimiento (cfr. Carta 14-II-1974 n. 17 Fernando 14 junio 2019).

La alegría es uno de los más poderosos aliados que tenemos para alcanzar la victoria (1 Marcos, 3, 2). Este gran bien sólo lo perdemos por el alejamiento de Dios (el pecado, la tibieza, el egoísmo de pensar en nosotros mismos), o cuando no aceptamos la Cruz, que nos llega de diversas formas: dolor, enfermedad, contradicción, cambio de planes, humillaciones.

El Papa Francisco recomienda: “Confiemos en la paciencia de Dios que siempre nos concede tiempo; tengamos el valor de volver a su casa; de habitar en las heridas de su amor dejando que Él nos ame, de encontrar su misericordia en los Sacramentos”.

Unas de las máximas del Padre Pío dicen: "Lo importante es caminar con sencillez ante el Señor. No pidas cuenta a Dios, ni le digas jamás: ¿Por qué? Aunque te haga pasar por el desierto. Una sola cosa es necesaria: Estar cerca de Jesús. Si nos cita en la noche no rehusemos las tinieblas." Luego dice: “Por muy altas que sean las olas, el Señor es más alto. ¡Espera!... la calma volverá.”

“Las pruebas a las que Dios os somete y os someterá, todas son signos del amor Divino y Perlas para el alma.”  “Nuestro Señor, en cuanto considera nuestra alma lo bastante viril, lo bastante entregada a su servicio, se apresura quitarle las dulzuras de antaño. Llega hasta quitarle la facultad de orar, de meditar, es el abismo en las tinieblas y la aridez. Esta mudanza aterra (...)”.

“Amarás al Señor tu Dios…”, quiere decir que fuimos creados para la alegría, una alegría en medio de dificultades, pues la vida es superar obstáculos.

Señor: Tú quieres que estemos contentos. Razones para quejarse hay abundantes, pero como cristianos tenemos una razón para estar contentos: que Dios está con nosotros. “Alegraos en el Señor”, dice San Pablo, “alegraos”. La alegría es el factor que integra lo demás.

Hay tristeza en el que tiene avaricia o envidia, sin alegría no se puede vivir. Cuando nos entregamos a los demás, hay alegría. Un testimonio dado con amargura, no sirve. Un escritor francés escribió: "El amor es lo único que crece cuando se reparte" (Antoine de Saint-Exupery).

Un dramaturgo español de la Generación del 27 dice: “Llorar, sí; pero llorar de pie, trabajando; vale más sembrar una cosecha que llorar por la que se perdió" (Alejandro Casona).

Benedicto XVI dijo, hablando de Juan Bautista, el 8 de diciembre del 2007: A través del Evangelio, Juan Bautista sigue hablando a través de los siglos a toda generación. Sus palabras duras y claras resultan particularmente saludables para nosotros (…). La «voz» del gran profeta nos pide que preparemos el camino al Señor que viene, en los desiertos de hoy, desiertos exteriores e interiores, sedientos del agua viva que es Cristo. Que la Virgen María nos guíe hacia una verdadera conversión del corazón para que podamos tomar las decisiones necesarias para sintonizar nuestras mentalidades con el Evangelio.

La Virgen vivió la alegría más grande que puede vivir una criatura; ella nos guiará a la intimidad con su Hijo.

 

Los grandes pensadores a menudo se han preocupado por transmitirnos algunas de sus ideas sobre la alegría. Cicerón escribió en el año 45 a.C.: “Nadie envejece sólo por vivir un número de años; la gente envejece al abandonar sus ideales; los años arrugan el rostro, pero perder el entusiasmo arruga el alma. En el siglo XXI Stephan Covey dice algo parecido: “El 10% de la vida está relacionada con lo que te pasa; el 90%, con la forma en como reaccionas”.

La alegría auténtica nace de la certeza de sabernos siempre infinitamente amados por Dios, que nos prepara una gran fiesta, la profunda alegría del arrepentimiento (cfr. Carta 14-II-1974 n. 17 Fernando 14 junio 2019).

La alegría es uno de los más poderosos aliados que tenemos para alcanzar la victoria (1 Marcos, 3, 2). Este gran bien sólo lo perdemos por el alejamiento de Dios (el pecado, la tibieza, el egoísmo de pensar en nosotros mismos), o cuando no aceptamos la Cruz, que nos llega de diversas formas: dolor, enfermedad, contradicción, cambio de planes, humillaciones.

El Papa Francisco recomienda: “Confiemos en la paciencia de Dios que siempre nos concede tiempo; tengamos el valor de volver a su casa; de habitar en las heridas de su amor dejando que Él nos ame, de encontrar su misericordia en los Sacramentos”.

Unas de las máximas del Padre Pío dicen: "Lo importante es caminar con sencillez ante el Señor. No pidas cuenta a Dios, ni le digas jamás: ¿Por qué? Aunque te haga pasar por el desierto. Una sola cosa es necesaria: Estar cerca de Jesús. Si nos cita en la noche no rehusemos las tinieblas." Luego dice: “Por muy altas que sean las olas, el Señor es más alto. ¡Espera!... la calma volverá.”

“Las pruebas a las que Dios os somete y os someterá, todas son signos del amor Divino y Perlas para el alma.”  “Nuestro Señor, en cuanto considera nuestra alma lo bastante viril, lo bastante entregada a su servicio, se apresura quitarle las dulzuras de antaño. Llega hasta quitarle la facultad de orar, de meditar, es el abismo en las tinieblas y la aridez. Esta mudanza aterra (...)”.

“Amarás al Señor tu Dios…”, quiere decir que fuimos creados para la alegría, una alegría en medio de dificultades, pues la vida es superar obstáculos.

Señor: Tú quieres que estemos contentos. Razones para quejarse hay abundantes, pero como cristianos tenemos una razón para estar contentos: que Dios está con nosotros. “Alegraos en el Señor”, dice San Pablo, “alegraos”. La alegría es el factor que integra lo demás.

Hay tristeza en el que tiene avaricia o envidia, sin alegría no se puede vivir. Cuando nos entregamos a los demás, hay alegría. Un testimonio dado con amargura, no sirve. Un escritor francés escribió: "El amor es lo único que crece cuando se reparte" (Antoine de Saint-Exupery).

Un dramaturgo español de la Generación del 27 dice: “Llorar, sí; pero llorar de pie, trabajando; vale más sembrar una cosecha que llorar por la que se perdió" (Alejandro Casona).

Benedicto XVI dijo, hablando de Juan Bautista, el 8 de diciembre del 2007: A través del Evangelio, Juan Bautista sigue hablando a través de los siglos a toda generación. Sus palabras duras y claras resultan particularmente saludables para nosotros (…). La «voz» del gran profeta nos pide que preparemos el camino al Señor que viene, en los desiertos de hoy, desiertos exteriores e interiores, sedientos del agua viva que es Cristo. Que la Virgen María nos guíe hacia una verdadera conversión del corazón para que podamos tomar las decisiones necesarias para sintonizar nuestras mentalidades con el Evangelio.

La Virgen vivió la alegría más grande que puede vivir una criatura; ella nos guiará a la intimidad con su Hijo.

 

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