Formación intelectual (parte 1)
Nuestro mundo valora mucho la autenticidad. Todos
nos sentimos llamados a ser auténticos, a pensar con la cabeza, a no sentirnos
defraudados de sí mismo.
Hay gente que funciona bien, pero de repente cambia,
¿qué le pasó? Ha olvidado crecer para adentro, ha crecido sólo para arriba.
¿Qué hay dentro? Hay semillas buenas y malas, si no se arrancan las malas se
vuelve terreno muerto. La primera evangelización, el primer peldaño, el
anuncio de Cristo Salvador es a lo que hay que volver constantemente.
La autenticidad se orienta hacia la unidad de vida -la
coherencia. Que ha de estar correspondida por una magnanimidad, es un elemento
que unifica. Por eso la formación empieza siempre por la magnanimidad, y ésta
requiere entrar en uno mismo, en una dimensión interior profunda. ¿Dónde te
diriges? Para ser auténticos uno tiene que encontrarse con Dios.
Es precioso el diálogo del Señor con la samaritana. El
Señor le dice a esta mujer: Trae a tu marido. Ella contesta: “No
tengo marido”. Jesús responde: Es verdad, cinco has tenido y el actual no es
tu marido. Esta mujer es el prototipo de la persona que vive en la
exterioridad, sin embargo, el Señor la reconduce a su mundo interior y le
dilata el corazón, la lleva a la magnanimidad. Y ella se dirige a su pueblo
para contagiar su entusiasmo y su hallazgo.
Hay una imagen tomada de la almendra. Esta
semilla tiene una piel verde, aterciopelada, como el mundo de las emociones y
sensaciones. Hay que penetrar más. Al quitarle la piel nos topamos con la
cáscara: es el mundo racional, y de los comportamientos. Pero hay que llegar a
la almendra, es decir, a la intimidad de esa persona. El acceso de lo más
íntimo está abierto sólo a cada uno. Tengo acceso a la simpatía de una
persona, o a su mundo racional. A la dimensión íntima entra cada uno con la
ayuda del Espíritu Santo. Es el gran proyecto existencial.
Ideas de la conferencia de Luis Romera en México, RUL,
27 II 26.
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