Joven musulmana obligada a casarse con un viejo encuentra a Cristo

 


https://youtu.be/Uh_5tobAnKw

Hassan Al Manzori pidió su mano: Samira el-Haddad (ella lloró). Su sueño secreto era estudiar, pero no es permitido a las mujeres tener sueños. La casa de Hassan tenía alfombras persas. Yo me sentía como una prisionera vigilada. Su mirada era pesada, hablaba para mandar. Todo eran normas y silencios. Yo hacía todo mecánicamente. Envidiaba la libertad de las gaviotas. Un recuerdo de mi infancia me sostenía, una prima había desaparecido cuando yo tenía 12 años porque había seguido otra religión. Pasaba horas regando plantas. Miriam, su prima, le dio un libro. En medio de ese destino impuesto Dios ya había trazado otro.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Moda, estilo y modales

La Eucaristía y María

La eficacia de lo sagrado se recibe a modo de recipiente