Joven musulmana obligada a casarse con un viejo encuentra a Cristo
Hassan Al
Manzori pidió su mano: Samira el-Haddad (ella lloró). Su sueño secreto era
estudiar, pero no es permitido a las mujeres tener sueños. La casa de Hassan
tenía alfombras persas. Yo me sentía como una prisionera vigilada. Su mirada
era pesada, hablaba para mandar. Todo eran normas y silencios. Yo hacía todo
mecánicamente. Envidiaba la libertad de las gaviotas. Un recuerdo de mi
infancia me sostenía, una prima había desaparecido cuando yo tenía 12 años
porque había seguido otra religión. Pasaba horas regando plantas. Miriam, su
prima, le dio un libro. En medio de ese destino impuesto Dios ya había trazado
otro.

Comentarios
Publicar un comentario