Ángel Custodio tuyo
Nadie en el mundo se preocupa
tanto por nosotros como el Ángel Guardián. Nadie es tan leal, paciente,
cariñoso y lleno de celo por nuestra salvación como él; él ha sido señalado por
Dios para llevarnos al Cielo. Aunque pequemos y lo olvidemos, él está siempre
presente, observándonos y protegiéndonos. Ellos no esperan agradecimiento, pero nosotros debemos dárselo. Hay
ángeles que tal vez ni siquiera una vez reciben una atención o un
agradecimiento, cuando ayudan desde la cuna hasta la tumba. Cada día del año
está dedicado a un ángel, el 9 de octubre a San Leutikyel, el que consoló al
Señor en el Huerto de los Olivos (Heinrich Kreuzer, San Leutikyel. El Poderoso Ángel del Monte de
los Olivos en la desesperación, Librería Espiritual,
Quito, p. 23).
Dice María Simma, experta en el Purgatorio: Un ánima del Purgatorio me
dijo que, si todos invocaran la protección de las ánimas del Purgatorio y del
ángel custodio y usaran, además, regularmente el agua bendita antes de ponerse
al volante, el 80% de los accidentes automovilísticos no sucederían. ¡¡El
80%!!... Un porcentaje parecido al de los accidentes es causado por el demonio (cfr.
¡¡Ayúdenos a salir de aquí!!, p. 63).
San Jerónimo dice: “¡Cuan grande es la dignidad del hombre, que desde el
día de su nacimiento tiene asignado un Ángel que lo proteja!”.
Es necesario dejarse ayudar. Los ángeles no pueden entrar en el interior
de la conciencia, no tienen
acceso a lo que el hombre piensa y desea; pueden conocerlo sólo si se lo
manifestamos o si Dios se lo revela. Aquí se encuentra otro motivo para tratar
al Ángel Custodio: hablar con él, decirle lo que nos pasa y lo que queremos,
para que lo conozca y nos ayude. Ciertamente, con su inteligencia agudísima,
basándose en signos —reacciones y actitudes, palabras o gestos— pueden llegar a
conocer nuestras intenciones y proyectos, o nuestras necesidades, y así alcanza
a saber lo que nos conviene; pero habitualmente recibirá más ayuda del
propio Custodio quien más le trate.
Antes de salir de
casa hay que pedirle que nos acompañe. Santa María, Reina de los Ángeles, ruega
por nosotros.

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