Cinco relaciones del discípulo
Si nuestra vida se tambalea debemos saber dónde
apoyarnos, dónde radica el amor verdadero, dónde podemos tomar la fortaleza y
la paz. Jesús elige a sus colaboradores y trabaja en equipo. Quiere que
adquiramos su manera de pensar, de vivir y de relacionarse con los demás. Jesús
confía en nosotros y nos dice: “Vayan y hagan discípulos a toda la gente”.
Jesús iba a la sinagoga, donde se lee y medita la
Palabra de Dios. Visita la casa de sus amigos, cura a la suegra de Pedro, así nos
levanta también ahora. Va a la puerta de la ciudad, donde se impartía la
justicia y termina el día haciendo oración, hablando con su Padre.
Jesús enseña las cinco relaciones que debe
tener su discípulo. Consigo mismo, que haya
conocimiento propio, conocer nuestras áreas de oportunidad; con el Padre;
con Jesús como Maestro, que enseña a entender nuestra misión; con el
Espíritu Santo y con los demás.
El mayor obstáculo para amar a los demás somos
nosotros mismos; dice un dicho: “Lo que te choca es lo que te checa”, lo que te
molesta en los demás, quizás es de lo mismo que padeces. Hay que valorarnos en
nuestro justo nivel. Tenemos una historia única, somos el resultado de esa
historia, por eso tenemos talentos diferentes: unos recibidos y otros
adquiridos.
Tenemos talentos y límites, Dios cuenta con ellos y
desea que tengamos metas altas, ideales. Hay que concebirnos como una tarea
en la que no estamos solos, Jesús siempre nos acompaña. Falta que yo busque una
tierna, amorosa, ¡cercana! Dile: “Quiero conocerte como Tú quieres que te
conozca, méteme en la vida intratrinitaria. Gracias porque me amas como ninguna
criatura es capaz de amar. Cubre con tu Sangre las heridas de mi alma”. A
nuestro Señor y a la Virgen no les son extrañas nuestras tribulaciones,
nuestras cargas, nuestras cruces, porque ellos ya las llevaron.
El Maestro es la roca firme. Al escuchar su voz
podemos ayudarnos a nosotros mismos y a otros. Jesús contó con los Doce, ellos se
fueron a predicar sin nada porque confiaban en Jesús. El
discípulo conoce al Señor, lo mira y lo sigue en todos sus pasos. Su cartilla
de identificación es seguir el plan de Jesús, como Carlo Acutis, que
decía: “Mi plan de vida es la unión con Jesús”.
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Jesús nos pide ser fieles a su Palabra. El discípulo
obedece al Maestro. Los seguidores de Jesús se dejan guiar por el Espíritu
Santo. Ser amigos de Jesús nos lleva a sentirnos hermanos, solidarios, a
conmovernos ante el necesitado. Cuando Carlo Acutis era niño, vio a un
indigente en la calle, fue con su mamá y preguntó: “¿podríamos comprarle una bolsa
de dormir?”. Su mamá asintió, aprendía de su hijo. El
amor debería ser la clave de identidad de discípulos de Jesús.

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