Hacer discípulos
¿Qué es lo que más te costaría entregar a Dios? Si hoy
te lo pidiera, ¿cuál sería tu respuesta?
El discípulo puede llegar a ser como su Maestro. Nos
toca formar la Familia de Cristo, formar la Iglesia, crear una comunidad,
ayudarnos a crecer en la fe. Nos necesitamos unos a otros. Un discípulo de
Cristo evita la división, fomenta la unidad.
San Marcos evangelista narra cómo los amigos le
ayudaron al paralítico a llegar a Jesús y abrieron el techo para que Jesús lo
curara (2, 1-12). Jesús nos pide ser luz. Mi vida, ¿nutre y beneficia a los
demás? A lo mejor no se acercan a nosotros porque estamos llenos de “espinas”,
lamentaciones y quejas.
Todos tenemos algo valioso que compartir. Andrés
conoció al Señor llevó a su hermano Pedro a Jesús, y Ananías llevó a Pablo a
Jesús. Dios se vale de instrumentos para ayudarle a formar discípulos. En todos
los ámbitos podemos hacer apostolado para que el Espíritu Santo nos use.
Cuando ayudas o consuelas al prójimo, consuelas a Jesús.
Nuestros mejores esfuerzos deben estar dirigidos a mover la misericordia de
Dios. Él lo quiere así. -El Señor hizo apostolado en todo momento de su vida,
hasta en el suplicio del madero. Salvó al Buen Ladrón.
Pedirle a Jesús que nos libere y que nos salve del
odio. Este es un momento extraordinario para confesarse. Rezar: “Señor
Jesús yo perdono en tu Nombre a (nombre de la persona), así como Tú perdonas
mis infinitas culpas”.
Un regalo de Dios es el conocimiento propio, conocer
nuestros puntos fuertes y débiles. Dios nos pide: “Renuncia, en el Nombre de
Jesús, a la conducta destructiva; reconoce que necesitas la fuerza que viene de
lo alto para transformar el odio en perdón”. María perdonó lo imperdonable,
ella fue el discípulo perfecto, nos enseña cómo escuchar, cómo creer, cómo
actuar. Ella lo llevaba en su corazón.
Espíritu Santo te pedimos que nos uses
como tus manos, danos la fuerza para levantar al que ha caído, para ser apoyo
del débil. Quita de nosotros todo juicio. Que nos acerquemos a ayudar a
nuestros hermanos a ponerse de pie. Que nuestro servicio sea una dulce unción
para el alma adolorida, que nuestra presencia traiga calma y que nuestra ayuda
sea liviana y alivien. Conviértenos en bálsamo suave que ayude sin condiciones,
que sólo tu amor nos mueva. Amén.

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