Nadine

 


Un matrimonio musulmán vivía en Estados Unidos, la mujer dio a luz una niña, Nadine, y fue a los tribunales para pedir el divorcio porque el varón la golpeaba. Madre e hija se fueron a vivir a Jordania. El padre hizo el viaje de Pensilvania a Jordania después de cinco años y se llevó a Nadine a Ohio. En Estados Unidos Nadine vivió en medio de una gran pobreza, al crecer hizo dos intentos de suicidio tomando muchas pastillas, pero no lo logró.

Me volví una adolescente de fiestas. Pensé: “Nada funciona, tal vez si me mudo todo cambie”. Supe cómo ponerme en contacto con mi madre, pensé en irme a vivir con ella a Dubai, tenía 17 años. Le llamé, le pregunté que si podía irme con ella y asintió. Mi mamá se había casado de nuevo, tenía dinero, chofer y dos hijos. Ahora tenía todo. En la escuela, en Dubai, nadie se burlaba de mí. Le dije a mi madre que quería estudiar en la universidad y le pareció bien.

Nadine se fue a Atlanta a estudiar la universidad, y allí empieza a meterse en la Nueva Era. Iba de un país a otro para ver a gurúes y psíquicos. Toda su vida buscaba una respuesta. Sólo afirmaba lo que sentía, pero no era feliz. Ascendió en la vida social de Atlanta. Tenía muchos amigos, entre ellos, raperos. Pensó: “Lo único que me falta es tener dinero propio”. Quería un trabajo en el Club, lugar donde se distribuían copas, al fin consiguió trabajar allí en enero de 2021. Empezó a ganar más dinero del soñado, no sabía qué hacer con él, compró el auto de su sueño y un departamento.

Nadine cuenta: “El diablo siempre disfraza las cosas. Tienes que vender tu alma para trabajar en el Club.” Esta chica empezó a ver que, lo de la Nueva Era, funcionaba. Se vendió dos horas a un hombre de negocios y ganó más de lo que esperaba. Entonces fue cuando se cuestionó: “¿Qué haces cuando tu vida parece perfecta y te sientes miserable?”. Pensé que Dios me había puesto todo esto. “¿Qué haces cuando lo tienes todo y tienes pensamientos suicidas?”. Le envié un mensaje al jefe del Club diciendo que tomaría una semana libre. El jefe dijo: “Está bien”.

“Tengo que trabajar 90 horas para sostener el tren de vida que llevo. Ya vi lo que el mundo tiene que ofrecer, voy a poner todo en orden y voy a morir. Planee saltar de un edificio para no fallar esta vez, pero el día anterior un amigo me llamó, era traficante de drogas, y me invitó a la iglesia. Le dije: “¿¡Vas a la Iglesia!?”. Contestó: “Me he estado acercando”. Me dije a mí misma: “No tengo nada que perder, iré”. El chico me dijo: “Finalmente, no voy a poder ir”. No tuve problema y fui sola. Al llegar vi que todos me sonreían. Pensé: “esto es raro”. A la chica joven que me recibió le comenté: “Sí, trabajo en el club”. Ella respondió: “Yo solía trabajar en el Club?”. Me quedé perpleja: ¿Qué? Yo pensé: “ahora Dios me está hablando”. El pastor empezó a hablar de la imagen: “Te ves genial en Instagram, pero ¿qué le aporta a la gente? Y luego aparece un escrito en letras grandes: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”. Pensé: ¿De dónde salió esa frase?... Esto es lo que siento: que lo estoy perdiendo todo y tengo todo. ¿Cómo saben de mi vida?”. Me dijeron: “es Dios, te ve, quiere una relación contigo”.

Nadie allí me dice: “lee la Biblia”, ni tampoco: “Deja el Club”. Me doy cuenta de que, lo que acabo de sentir es la presencia de Dios. Yo no sabía quién era Moisés. Descargué la aplicación de la Biblia. Me pregunté: ¿Cómo leo la Biblia? Necesito una para tontos. ¿Por qué Dios me ama? Es todo distinto al Islam, donde nos dicen: “asegúrate de no pecar”. Ahora estoy leyendo de cuánto me ama Dios. Seguí leyendo cinco o seis horas la Escritura. ¡Esto es una locura!

Por primera vez mi corazón estaba en paz.

Al día siguiente era el día del suicidio, de saltar del edificio.

Lo único que sabía era que el politeísmo en el Islam era imperdonable. ¿La Trinidad es politeísmo? ¿Será politeísmo? Jesús no es sólo un profeta porque hacía milagros, ni siquiera Mahoma hizo lo que él hace.

Dejé el Club, nunca volví a él. Escuchaba música rap en el coche. Mi oído empezó a molestarse, así que dejé de escuchar esa música. Dejé de usar ciertas ropas. “La Biblia me está trayendo sanidad”. La forma en que me vestía cambió.

Dejé las drogas, la bebida, el cigarro. No tuve síntomas de abstinencia: ningún síntoma de falta de nicotina, de la noche a la mañana. Lo increíble es que yo no trataba de dejar nada, mi relación con Dios me hizo cambiar de modo natural. Decidí bautizarme.

Recordé: “Hace un año estaba en un club de striptease celebrando mi cumpleaños”. No extrañaba el Club ni el mundo.

Quise decir a mi padre y a mi madre que era cristiana. Se enfadaron, me desheredaron. Pensé: “Si Dios pudo salvarme a mí, puede salvarlos a ellos”. El Señor me dice: “Estás orando, pero antes de orar tienes que perdonar”. Yo le dije: “Jesús, si Tú me perdonaste, yo necesito perdonar”. Pensé: “No lo siento, pero lo voy a decir: Perdono a mi padre y a los que me rechazaron…”. El resentimiento y el dolor se empezaron a desprender de mí. Dios estaba haciendo una obra sobrenatural en mi corazón. Ahora le digo a todos: “Déjame contarte sobre Jesús”.

Oí hablar de Misiones, ¿qué son los viajes misioneros. Yo dije: “¡Oh!, quiero hacer eso”. Fui a Hawaii por tres meses. Luego me fui tres semanas a Suecia. Dios había puesto a personas tan increíbles en mi entorno, que no extrañaba a mis amigos anteriores.

A medida que leía la Biblia, de espontáneamente me entraban las cosas. El Señor me dijo: “Quiero que vuelvas a la universidad”. Entré a la universidad, hablaba de Jesús. Pasaron dos años.

Recé: “Señor, he profanado mi cuerpo, te he deshonrado, pero hago un pacto contigo: No voy a besar a nadie más hasta que me case”. Cuando conocí al muchacho que luego fue mi esposo le dije lo primero: “No te voy a besar hasta el día de nuestra boda”. Respondió: “¿A si? Está bien”.

En este proceso, mientras rezaba con mi familia, mi papá se disculpó conmigo, eso nunca lo hace un musulmán. Lo llamé y le dije: “Te amo”. Ahora nuestra relación es mucho mejor. Ahora lo veo como alguien a quien Dios quiere alcanzar. Lo he perdonado completamente porque entiendo cuánto se me ha perdonado.

Mi esposo y yo enseñamos sobre la Palabra de Dios y que no tengo que acudir a lo mundano para tener paz. Dios me salvó de las adicciones, de la homosexualidad, del suicidio.

Si siento que algo anda mal repito el Nombre que está por encima de todo nombre. Quisiera transmitir un mensaje: Nunca estás demasiado perdido para el amor y la misericordia de Dios.


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