Lo crucial
En la formación es imperativo tomar la forma de Cristo, por eso
la formación no termina. ¿Quién nos da la forma de Cristo? El Espíritu Santo.
El artista instrumentos para dar la forma de Cristo. Hay dos conceptos básicos.
La materia y la forma. La materia de un jarrón puede ser el barro. La forma
hace que la materia se convierta en lo que es.
La forma que no queremos dar a las personas es la nuestra. Cuando
tenemos claro que la forma que debemos dar es la de Cristo, yo pongo el
corazón, pero en el camino yo desaparezca. No quiero sustituir a quien debe
reinar (José Andrés Carvajal).
Una educación que no se hace vida es como
el sol de invierno: da luz, pero no calienta.
Luego se trata de tener iniciativas para asimilar mejor la formación:
Leer, estudiar, tomar cursos y, a ratos, leer el Catecismo de la Iglesia, don
de Dios.
“Como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mi mano” dice
el Señor a través del profeta Jeremías (18,6). Somos de barro, el Señor es el
alfarero. Los padres y directores son como las manos de Dios. Siendo dóciles y
humildes, llegaremos a ser “vasos de honor” (Rom 9, 20); con la fragilidad del
barro, pero con la dignidad y eficacia de los instrumentos de Dios. “Señor, con
tu gracia, con la ayuda de Nuestra Madre del Cielo, yo, que me encuentro aquí,
en esta gran red, en esta gran barca de la Iglesia, dejaré que las manos de mis
padres y directores me moldeen, para hacerme hermoso en tu presencia, fuerte,
recio, eficaz. Para tener, de veras, en toda la vida interior y en el trabajo
externo, ese bullir limpio, sobrenatural, de la sangre de familia” (San
Josemaría Escrivá).
Pedir con sencillez que nos aclaren lo que no entendemos. Es necesario
que nuestra formación continúe durante toda la vida.

Comentarios
Publicar un comentario