“Imaginemos un caracol, un caracol de jardín. Recorramos con la mente la espiral que decora su concha y que le sirve de casa. Pensemos en la manera en que disfruta la humedad después de la lluvia. Parecería que le entusiasma tanto como a algunos de nosotros cuando retozamos entre las olas del mar (...). En el interior de la cubierta de roca de un caracol, así como dentro del ser más admirable y amado se encierra la historia del cosmos. Conocerlos a profundidad sería entender en detalle cómo se originó el universo (...). El caracol lleva a cuestas su casa. ¿Y nosotros? La mente, poblada de palabras. Nuestra edificación de ideas puede ser sorprendente, enriquecida a lo largo de la vida. A veces es un tormento: pesada y con recovecos oscuros que a pocas personas les gustaría conocer, allí domina el enojo. En esas mazmorras habitan la envidia, los celos, la ira. Otras veces nuestra mansión logra ser un sitio luminoso y siempre cambiante, con terrazas, jardines, columnas jónicas y hab...