Fe y cultura

 


El ambiente actual es enormemente sofisticado pero superficial y se une a un ritmo de vida acelerado. Esta situación requiere una formación filosófica y teológica mucho más cuidada para preservar la fe.

El cristiano debe comprender que la fe entra en diálogo con todo. La fe aporta la unidad que hay dentro de mí. Dios ha hecho en mí la maravilla de hacerme hijo de Dios; luego, yo lo aporto a lo exterior. Por tanto, ha de ser una fe que se hace pensamiento, que se hace cultura.

Hasta antes de convertirse al anglicanismo, “Lewis había sido un hombre con dotes literarios, pero sin nada que decir, afirma Walter Hooper. Con su conversión todo lo que le había frenado desapareció, y los libros llovieron de su pluma”.  Su habilidad para expresar las verdades del cristianismo con naturalidad lo hace único como apologista, tanto en las obras de ficción como en las estrictamente apologéticas (cfr. Prólogo al ensayo “El diablo propone un brindis”).

Para influir en el mundo hace falta el pensamiento teológico. No basta el Magisterio de la Iglesia para iluminar las realidades humanas; hace falta que la fe se haga cultura. Para dar a conocer a Cristo hay que estudiar y pensar. Poseemos un patrimonio espiritual riquísimo y hemos de hacerlo mensaje cultural que transforme el mundo.

Hay cuatro elementos presentes en la vida de Cristo: la gloria del Padre, la venida del Reino, la salvación de los hombres y el cumplimiento de la misión recibida. Por eso Cristo acepta la Cruz, y por eso también nosotros la deberíamos de aceptar.

Aunque el cristianismo es una religión, contiene un repertorio de verdades que confiere respuesta a las cuestiones más arduas, por eso su contribución a la filosofía de Occidente ha sido la de más alcance de toda la historia de la humanidad.

¿Qué es la fe?

La fe es una luz interior que viene de Dios y toca nuestro corazón empujándole a reconocer Su presencia y Su actuación. Por tanto, la fe es algo divino y humano a la vez, es acción divina en el alma y apertura del hombre a esa acción divina: acto de adhesión al Dios que se revela. Para ello ¿qué se necesita? La gracia de Dios y la ayuda del Espíritu Santo (cfr DV, 5).

La palabra fe viene del hebreo Emuná, y de allí Amen(así es, así lo creo). .

Y es que donde no hay fe, desaparece la paz, y con ella la civilización y el progreso, introduciéndose en su lugar la confusión de ideas, la división de partidos, la lucha de clases y, en los individuos, la rebeldía de las pasiones, y así el hombre pierde su deidad, su capacidad de participar de la naturaleza de Dios, que es su verdadera nobleza.

La fe es un acto de confianza en que se acepta que Cristo es el Señor, que indica con su gracia el camino a la libertad y a la vida. Creer es entregarse con alegría al proyecto que Dios tiene para nosotros, y que conduce a vivir como buenos hijos de Dios. La fe nos hace fiarnos de Dios, como se fio el Patriarca Abraham y como se fio la Virgen María.

 


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